EL NARCO CORRIDO Y SUS CLAVES por Ulises Ramirez

-A mí me gustan los corridos porque son los hechos

reales de nuestro pueblo.

-Sí, a mí también me gustan porque en ellos se

canta la pura verdad.

-Pues ponlos, pues…

-Órale, ai van…

Los Tigres del norte en El Jefe de Jefes

 

 Pórtico

Vicente T. Mendoza apuntó, allá por la década de los sesenta, que “el corrido, género de muchos alcances y larga trayectoria, con el tiempo será uno de los más firmes soportes de la literatura genuinamente mexicana”.

Por otra parte, Rubén Bonifaz Nuño ha declarado que “el corrido es una de las formas más intensas de la poesía mexicana”.

Además, como parte importante de nuestra tradición y cultura oral, el corrido es un género que cuenta con muy amplio y variado repertorio dentro de la música popular. Tiene un fuerte arraigo en el gusto musical del mexicano, e incluso, cuenta con un gran aceptación fuera de nuestras fronteras, especialmente en los estados del sur de la Unión Americana.

Pero hablar del corrido mexicano no sólo es hablar de la cultura musical de nuestro país. No se puede soslayar que el corrido es esa literatura que, aunque no escrita y, hasta cierto punto marginal, es contenedora de características y funciones de nuestra identidad nacional. En un corrido encontramos pasajes de la historia, costumbres y, por supuesto, modismos de la lengua vernácula.

Los corridos son pues, el cancionero popular, historia, literatura y recreación de la realidad social.

Es un género popular, sí, y en toda la extensión de la palabra. Además, manifiesta y reafirma la tradición y el ingenio del pueblo. Su popularidad se explica tan sólo en dos de sus características: la sencillez en la melodía y la manera de utilizar el lenguaje para su composición

Todo corrido maneja una manera estándar de decir las cosas, se echa mano de términos campiranos, doble sentido, lugares comunes, metáforas sencillas y, en muchas ocasiones, vicios y arcaísmos del idioma.

En las nuevas composiciones que del género circulan, los narcocorridos, se han creado, incluso, nuevos vocablos para designar los hechos violentos y delictivos.

El narcocorrido es la versión actual de aquellos corridos de gavilleros y “bandidos buenos”, sólo que ahora los personajes son individuos involucrados en el tráfico ilícito de drogas. Así, los narcos y su corridos han desbancado a los mitificados héroes revolucionarios.

El corrido mexicano, qué duda cabe, ha “evolucionado”. Ha tomado nuevas vertientes temáticas para reflejar la realidad que ahora se vive.

He aquí pues, en este trabajo (aunque no exhaustivo), la panorámica de un género que devino en “nuevo folclor musical” y donde la exaltación de la criminalidad y la violencia es la constante.

CAPÍTULO UNO:

Corrido y narcocorrido

(Apuntes sobre una evolución en la música vernácula)

1.- El corrido

a) Antecedentes y etapas.

Ya desde el siglo XVII se tiene conocimiento de la existencia de coplas de carácter satírico que eran cantadas, por y para el pueblo, en plazas públicas. Estas coplas estaban emparentadas con el romance y la jácara española, ambas cultivadas en México desde los años de la conquista, y aludían en tono sarcástico a personajes públicos y hechos chuscos de la sociedad. No sería sino hasta mediados del siglo XIX, en el marco de las guerras de religión y fueros en que estas composiciones populares adquirirían su esencia épica-narrativa propia de los corridos actuales.

Y aunque, efectivamente, el corrido procede del romance español y de la jácara, es posible que también tenga cierta herencia de los cantos épicos de la cultura indígena, específicamente los de la lengua nahuatl. Todavía en algunas regiones del centro y del sur del país, los indígenas conservan, en su lengua natural, extensos cantos que guardan cierto tono heroico.

Y contrario a lo que dice Vicente T. Mendoza, respecto a que el corrido “no es sólo un descendiente directo del romance español, sino aquel mismo romance trasplantado y florecido en nuestro suelo”, vemos que éste es un género propio de la voz y la cultura mestiza. Posee características singulares, desde la manera en que son interpretados hasta las temáticas mismas.

En lo que refiere a la culminación del corrido como género épico-lírico podemos decir que éste llegó con la Revolución de 1910, aunque, claro, ya circulaban algunos corridos que relataban sucesos que antecedieron el movimiento. Por eso, los corridos y las canciones populares de aquella época, ahora son importantes auxiliares para los historiadores.

Al generalizarse la lucha armada, también se popularizaron los corridistas quienes, como los juglares de la edad media, iban de pueblo en pueblo cantando los últimos sucesos. Levantamientos, ejecuciones, batallas, traiciones militares, desastres, asesinatos y hasta decepciones amorosas eran versificadas y musicalizadas para enterar al público. Los corridos fueron entonces, para la población analfabeta, una suerte de periodismo oral.

Por otra parte, ya desde 1882 se había fundado en la capital del país la imprenta popular de Antonio Venegas Arroyo que se dedicó a imprimir, en hojas sueltas y multicolores, algunos de los corridos. Además, casi siempre eran acompañados con ilustraciones y grabados. El mismo José Guadalupe Posadas ilustró algunos de ellos.

Por su carácter épico, héroes y hazañas de ambos bandos de la revolución fueron, indiscriminadamente, protagonistas de los corridos. Tanto Zapata y Villa, como Huerta y Obregón, hasta soldados federales y revolucionarios que se distinguían por algún acto heroico.

Todavía en el movimiento cristero, en la década de los treinta, el corrido era un medio eficiente para difundir ideologías y posiciones de los grupos armados. Y es también, en esta etapa de la historia, cuando , según los folcloristas, el corrido cierra su época dorada.

Para visualizar la historia del corrido, Vicente T. Mendoza señala, “a la fecha” , tres lapsos fundamentales :

1.- El último cuarto del siglo XIX: Se cantaban hazañas de rebeldes al gobierno de Porfirio Díaz y se hace énfasis en la valentía de los protagonistas.

2.- La revolución de 1910: Es la etapa más fuerte y rica en producción de corridos con características épicas. Es también en este periodo cuando el corrido se conforma como un género popular y con características propias.

3.- De 1930 a la fecha (60´s): El corrido se hace artificioso y falso, pierde frescura y originalidad y se le imita culteranamente sin éxito. Se utiliza para ensalzar políticos y próceres prefabricados.

Y ya se puede anexar una cuarta etapa, la iniciada en la segunda mitad de la década de los setenta. En esta etapa entran los corridos con temáticas propias de indocumentados mexicanos y de algunas actividades delictuosas ubicadas en la frontera méxico-americana como el tráfico de drogas (“el contrabando”). Se retratan los hechos y situaciones de los inmigrantes (“mojados”) mexicanos en los Estados Unidos (La tumba del mojado, El otro México) y de las hazañas de pequeñas mafias de mexicanos que operaban en los estados del sur de dicho país.

Nacen así corridos como Contrabando y TraiciónLa banda del carro rojo y La camioneta gris. Sus personajes, siempre mexicanos o chicanos que se mantenían al margen de la ley, desplazaron a aquellos que, en otras etapas del corrido, representaban ideales revolucionarios o que eran los “bandidos buenos” que merecían la admiración. “Emilio Varela”, “Camelia La Texana” o “Lino Quintana” son nombres de “contrabandistas” popularizados y mitificados en esta nueva etapa del corrido.

Gran parte de los corridos que se han compuesto en estas dos últimas décadas cuentan, en su gran mayoría, historias sobre el contrabando ilícito de enervantes. Es a éstos a los que se les ha denominado narcocorridos.

Quizá convendría señalar que, la popularización de el corrido en esta nueva etapa, radica en la comercialización tan grande con que ahora cuenta esta música. Las casas disqueras promueven, tanto en radio como en televisión, a los compositores y grupos musicales que interpretan el género.

b) Métrica y estructura del corrido

El corrido, refiere Caterine Héav, pertenece a la familia de los géneros narrativo-musicales que caracterizan a la cultura oral de cualquier país.

En efecto, estamos hablando de una “narración cantada” que se apoya en hechos concretos e intensos y se caracteriza por su sobriedad y concisión en lo narrado.

Por otra parte, también podemos decir, debido a su naturaleza lírico-épica, que es un “poema popular” musicalizado.

Quizá por todas estas características, Vicente T. Mendoza decidió darle la no muy afortunada clasificación de “género lírico-épico-narrativo”

En lo que refiere a la melodía que acompaña a lo literario, ésta puede acoplarse a cualquier verso y/o estrofa de casi todos los corridos. Esta fórmula melódica permite apreciar que, efectivamente, es un género musical surgido y conservado popularmente.

La métrica de los corridos es sencilla, son cuartetos con versos de ocho sílabas, rimados en forma variable, la rima puede ser asonante, consonante, o mezclado. Aunque existen corridos que no se sujetan a la métrica tradicional, pudiéndose encontrar algunos con cuartetos de hasta doce sílabas por verso, p.e. , “El caballo blanco” de José Alfredo Jiménez.:

Es-te es-el -co-rri-do -del -ca-ba-llo -blan-co, (12)

que un- dí-a -do-min-go -fe-liz -a-rran-ca-ra; (12)

i-ba -con -la –mi-ra -de –lle-gar -al nor-te, (12)

ha-bien-do –sa-li-do -de –Gua-da-la-ja-ra. (12)

El patrón general de estructura del corrido suele señalarse en tres fórmulas (presentación, desarrollo de la historia cantada y despedida del corridista) y, si se desea ser más analítico, hasta en seis. En este caso, dividiré la estructura en cuatro fórmulas primarias que, a mi juicio, son las más identificables:

1.- La llamada al público o presentación del corridista. En los corridos en primera persona se funde el corridista y el personaje en la autopresentación:

Voy a dar un pormenor,

de lo que a mí me ha pasado;

que me han agarrado preso,

siendo un gallo tan jugado.

(Corrido de Cananea)

Voy a cantar un corrido

de un amigo de mi tierra,

llamábase Valentín,

que fue fusilado y colgado en la sierra

(Valentín de la sierra)

Hay corridos en que incluso se hace una solicitud de permiso para iniciar el canto:

Para ponerme a cantar

pido permiso primero;

señores, son las mañanitas

de Benjamín Argumedo.

(Las mañanitas de Benjamín Argumedo)

2.- El nombre del personaje o personajes centrales y sus características morales. En caso de relatar un suceso casi siempre se hace observación del lugar y la fecha:

Reyes y don Félix Díaz

echaron muy bien su trazo

y para vengar sus rencores

idearon un cuartelazo.

Señores, tengan presente

que el día nueve de febrero

Mondragón y Félix Díaz

se alzaron contra Madero

(La decena trágica)

En el día siete de marzo,

lo vi, por eso lo creo,

que mandó pedir la plaza

el general Caraveo.

(La toma de Ciudad Juárez)

3.- El mensaje y/o la trama de la historia cantada:

Su madre se lo decía;

que a ese fandango no fuera.

Los consejos de una madre,

no se llevan como quiera.

Llegaron a la cantina,

se pusieron a tomar;

pero Lucio no sabía

que lo iban a traicionar.

(Corrido de Lucio Vázquez)

4.- La sentencia aleccionadora y la despedida del personaje o del corridista. Estas última frases en ocasiones son una moraleja dirigida a la atención y la sensibilidad del público:

Y a ese mentado Felipe,

la maldición lo alcanzó;

y en las trancas del corral,

el toro se lo llevó.

Ya con esta me despido,

con la estrella del oriente;

esto le puede pasar,

a un hijo desobediente.

(El hijo desobediente)

Claro que esta estructura puede variar en corridos con temáticas de ciudades, por ejemplo. Otra de las excepciones serían los corridos amorosos, pero estos son minoría dentro del repertorio popular.

Conviene aclarar también, que en los nuevos corridos, compuestos en los últimos quince años, ha variado notablemente esta estructura. La presentación o llamada de atención al público, por ejemplo, ya no es tan frecuente.

c) Temáticas y clasificación

Toda temática puede abordarse en un corrido. Cualquier suceso, sentimientos, biografías y hasta actos cotidianos, son temas susceptibles de adaptarse a la forma lírica del género. Por ello, los folcloristas y compiladores de corridos han tomado este parámetro para realizar su clasificación. Así, tenemos corridos de caballos, de batallas, de desastres, de maldiciones, de amores y pasiones, de ciudades, de bandoleros, etc. La lista de estas clasificaciones no llega a más de una veintena de apartados.

Gilberto Vélez en Corridos Mexicanos, hace una clasificación de trece temáticas, entre los que se destacan, por numerosos, los corridos de revolucionarios.

Pero, para los compositores de corridos no hay límite en las temáticas abordadas, siempre y cuando se conserve ese aliento narrativo o poético en los versos; se canta, por ejemplo, al sentimiento de estima hacia un caballo:

Era lindo mi caballo

era mi amigo más fiel,

ligerito como el rayo

era de muy buena ley.

(El cantador)

…o la crítica y la picardía al hablar de problemas agrarios:

Esas tierras del rincón

las sembré con un buey pando;

se me reventó el barzón,

y siempre la yunta andando.

(El Barzón)

…o el divertimento de un acto tan cotidiano como es el de ir al cine a ver una película de vaqueros:

En las áridas regiones,

de la América del Norte

se agarraron a balazos,

“polecías” y ladrones,

Tom Mix, Buck Jones

Bill Boyd, Tim McCoy.

(Dos horas de balazos)

…o la historia de una relación incestuosa entre hermanos:

No sabían que ellos eran hermanos

hasta mucho después de quererse

como pocos del mudo de amaron

porque fue su destino y su suerte…

(La hija de nadie)

…o la maldición de un padre:

Hijo de mi corazón,

por lo que acabas de hablar,

antes de que raye el sol

la vida te han de quitar.

(El hijo desobediente)

En fin, parodiando un refrán popular, podemos decir que todo tema cabe en un corrido sabiéndolo acomodar.

Es éste otro atractivo del corrido: la variedad de las historias que se narran con el acompañamiento de la música.

Hay temáticas relativamente nuevas aún no clasificadas del todo, como aquellos que compuso Chava Flores y que son divertidas crónicas de la vida citadina. Sábado D.F., Voy en metro, La esquina de mi barrio, ¿A qué le tiras cuando sueñas? y otros títulos más, son ya parte del repertorio de los corridos que el pueblo canta.

Y claro, los corridos antes mencionados que han abordado el tema de uno de delitos más comunes y combatidos de la sociedad actual: el tráfico ilegal de drogas.

Sólo que aquí ya es necesario anotar que los corridos de traficantes, o narcocorridos, van más allá de ser un simple clasificado del género. Por las nuevas estructuras musicales y literarias utilizadas, así como por uso del lenguaje y su temática delictiva, éstos representan la versión actualizada del corrido mexicano.

 2.- El Narcocorrido

a) Antecedentes

Acompañado del prefijo “narco” (de narcótico: sustancia que provoca somnolencia), esta nueva designación para el corrido no es más que una referencia a los llamados corridos de traficantes de drogas o corridos de contrabandistas, como originalmente se les nombró.

Con estas nueva temática en las canciones, se ha modificado parte de lo tradicionalmente dicho, comentado y estudiado del género. Hay cambios siginificativos de fondo y forma en los corridos actuales.

El narcotráfico ha hecho, en la música popular, la misma función que hizo la Revolución. No olvidemos que, gracias al impacto social de la lucha armada de 1910, el corrido tomó la forma y las características como tal.

Y es que el tráfico ilegal de drogas y su combate, es un fenómeno social donde, al igual que en la Revolución, también se hace uso de la violencia y hay enfrentamientos entre representantes de la ley e individuos perseguidos por el estado. De la misma forma que existe una necesidad de las multitudes por informarse de los detalles de este delito.

El narcotráfico es pues, una realidad social que impacta. Por ello, los compositores populares, recreadores de nuestra sociedad y sus problemas, han tomado como temática esta actividad delictuosa; componen canciones que forman parte de una nueva etapa en la historia y “evolución” del corrido. Es decir: los compositores de corridos han dado un giro, tanto en el lenguaje comúnmente utilizado (se hace uso de metáforas pensadas cuidadosamente, se crean nuevos vocablos para designar algo referente a la ilegalidad) como en la manera y los medios musicales para interpretar sus corridos (Tambora sinaloense o instrumentos de música norteña), así como también una ligera variación en la estructura literaria de éstos.

Bien convendría tomar en cuenta el parentesco de los corridos de narcotraficantes con aquellos corridos pre-revolucionarios conocidos como “de bandoleros”; considerados también como precursores de los corridos de la revolución.

A finales del siglo XIX y principios de éste, los bandoleros (o gavilleros) que asolaban brechas, caminos reales y poblados, constituyeron parte importante en la historia de la lucha armada de 1910.

Ignacio Parra, Heráclio Bernal, Jesús Cadenas y hasta Francisco Villa, eran campesinos o individuos de clase económica baja que , por alguna u otra razón, delinquían para poder sobrevivir. Prófugos que se burlaban de los representantes de la ley en sus persecuciones y que eran considerados por el pópulo como paladines vengadores de los atropellos e iniquidades que cometía la élite gobernante.

El pueblo estaba contra una ley injusta que era aplicada sólo a los de la escala social baja, y veía en los bandoleros a héroes que poseían el valor suficiente para combatir la arbitrariedad y los abusos. Por ello, merecían admiración, respeto y apoyo.

Su actividad ilícita, el robo, era tomado como un asunto secundario y, hasta normal y necesario para luchar en favor de los más necesitados.

Así las cosas, no pocos compositores anónimos dieron cuenta de las hazañas de éstos, dando lugar a los corridos en los que se ensalza el valor para enfrentar la “ley injusta”. Al paso del tiempo, los bandoleros y sus corridos pasaron a formar parte de la “mitología popular”, se tornaron en “bandidos buenos que robaban a los ricos y ayudaba a los pobres”, en “defensores del pueblo” al margen de la ley:

Julián tuvo que robar

pues no había qué comer;

Julián tuvo que escapar

y María fue con él.

Los dos andan por el norte

perseguidos sin cesar;

ahora roban para ellos

y a los pobres dan lugar.

(María y Julián)

Era Ignacio un bandolero

que mandaba una cuadrilla;

sólo a los ricos saltaba

y a los pobres los quería.

(Ignacio Parra)

Y como aquellos bandoleros del siglo pasado, así los narcotraficantes.

También éstos son delincuentes perseguidos por el estado y sus leyes. También, en su gran mayoría, provienen de clases sociales modestas, con sus excepciones, claro. Y, también, han ganado popularidad y aceptación debido a las hazañas que en sus corridos se cantan.

b) Impacto social del narcocorrido

Vemos entonces que la ilegalidad moderna, representada en este caso por el narcotráfico, gestó su propia manifestación musical. Los narcocorridos ya se componen, se comercializan y se cantan en por lo menos tres cuartas partes de los estados del territorio nacional (hay estados sureños como Yucatán y Quintara Roo donde no se observa tanto este fenómeno musical), y todos siguen la línea de aprobación y exaltación de quienes delinquen. Pero ¿por qué esa aceptación de los narcocorridos por parte de las multitudes? ¿Por qué hacer del narco una figura admirada y respetada por su valentía? ¿Qué mueve a la gente a escuchar, con implícita aprobación, historias de individuos que son prototipos de la violencia armada? ¿Cómo explicar que los narcocorridos, pese a su discurso del delito, se canten y bailen en las festividades sociales?

Esta música, quién lo duda, ha logrado que la temática del tráfico de enervantes tome parte en el hit parade de la música popular y folclórica.

También en la Unión Americana, entre la comunidad chicana, los narcocorridos le han ganado terreno a géneros como la “música grupera” y la “Tex-mex”; recordemos tan sólo que allá fue el primer sitio donde se dieron a conocer, por el grupo de música norteña “Los Tigres del Norte”, los primeros corridos de traficantes: Contrabando y Traición y La banda del carro rojo.

Y es que hasta poco antes de que “Los Tigres del Norte” retomaran el corrido para cantar historias de la realidad que estaban viviendo los mexico-americanos en aquel país, el género se encontraba en un estancamiento. Casi nadie, a excepción de los cantantes de música folclórica, grababa y comercializaba nuevas composiciones de corridos.

Incluso, ellos han declarado que “en los años setenta nadie practicaba la tradición del corrido en México. Entonces llegamos nosotros con temas como

Contrabando y Traición y empezamos a establecer de nueva cuenta el gusto por el corrido. Tanto fue el caso que muchos de nuestros temas fueron utilizados como guiones cinematográficos”.

Otro caso digno de resaltar es el del narcocorridista Chalino Sánchez, quien vivió y murió como los personajes de sus composiciones. Chalino fue el narcocorridista por antonomasia y, curiosamente, saltó a la fama después de haber sido asesinado. Sus discos y casettes se vendían, en volumen, 20 veces más que cuando todavía estaba vivo.

Hoy en día son muchos los grupos musicales y solistas que interpretan narcocorridos. Existe, además del grupo antes citado, una larga lista de nombres. Los que se destacan por su popularidad son: Los Tucanes de Tijuana, Los Huracanes del Norte, El Puma de Sinaloa, Banda del Chante, Los Invasores de Nuevo León, y Grupo Exterminador.

c) Temáticas en el narcocorrido,

Si antes de componían corridos de revolucionarios, bandidos o caballos, ahora se componen de traficantes y de camionetas “cargadas de droga”.

Los narcocorridos son crónicas de las aventuras, traiciones, infortunios, ejecuciones, amores y demás hechos de individuos involucrados en el “negocio”.

Hoy en día, las historias de los narcos en los corridos dominan más que cualquier otra temática. Pero no necesariamente los narcos son los únicos personajes en estas crónicas, también en ellas aparecen policías judiciales o federales de caminos los cuales son la contrapartida (el enemigo) dentro de la narración.

Y ya sea en lenguaje común o “en claves” en ellos está plasmada una visión parcial, pero creíble, de lo que es el narco. Se describen costumbres, maneras de ser y de pensar de los capos, jefes de cárteles, traficantes y sembradores de marihuana o amapola. Esta manera de visualizar a los narcos en los corridos(siempre a favor de ellos), hacen que un gran sector de la población vea en ellos algo de honestidad y carácter heroico, incluso, hasta se les estima; la gente los siente mucho más cercanos y respetables que a los mismos representantes de la ley, tan fácilmente corruptibles y tan sujetos a cometer delitos como los primeros.

En los narcocorridos el delito cometido no es ocultado, antes bien, la actividad clandestina es dotada de cierta licitud por parte de quienes componen y cantan, en rimas asonantes o consonantes, las historias de los narcos.

Más aún: a falta de próceres actuales, el narco es adoptado como tal por las multitudes, y con sobradas razones, el narco proclama en sus corridos una filosofía de poder y valentía en la que está implícita la aceptación del peligro, y es, por lo tanto, digno de admiración y respeto,

Yo sé que el negocio es duro

que traigo en cuello mi vida

porque ando contra la ley

desde que entré lo sabía

(El agricultor)

En un narcocorrido se canta el estilo de vida, las costumbres, la filosofía, la vestimenta, la exaltación de la hombría y el código de ética del traficante.

Otros tópicos recurrentes en las letras de las canciones son las ejecuciones de “traidores”, las armas, las aventuras en un “viaje con cargamento”, la burla a la ley, las alianzas entre cárteles o “negocios” con funcionarios públicos, etc.

Ando fuera de la ley,

me dedico al contrabando,

yo no nací pa’ ser pobre

y tampoco soy dejado.

Me gusta rifar mi suerte,

ya se los he demostrado.

( Líneas de a metro)

Ahora bien, la mayoría de las letras tienen claras raíces en la vida campesina, pero también están presentes, aunque en menor grado, los términos de uso citadino. Hay una mezcla de palabras que reflejan la austeridad y la sencillez del campo(caballo, rancho, cosecha, pobreza) con aquellas que califican las ventajas y comodidades de la ciudad (celular, biper, autos de lujo, riqueza, mansiones).

De cualquier manera, en las frases se deja entrever a personajes cuya actividad aparente fue, antes de ser parte del narco, la agricultura o la ganadería.

Me gusta andar por la sierra,

me crié entre los matorrales

y aprendí a hacer las cuentas

nomás contando costales.

(Vacas de a kilo)

Yo soy nacido en la sierra

y criado en los sembradíos,

conozco bien el negocio

desde que estaba chiquillo.

(El manos verdes)

También hay cierto afán por mencionar, con algunas frases, la ostentación del poder, la riqueza y la respetabilidad que está implícita en la abundancia económica.

Otra característica importante en las temáticas: hay un lugar común y mítico que se menciona en casi todos los narcocorridos: La sierra. Así sea tomado sólo como referencia, este sito parece representar el origen, la cuna del narcotráfico y de su música. La sierra es el punto geográfico donde, tarde o temprano, los personajes de los corridos coinciden. En ella todo es perfecto: no existen normas sociales ni leyes que impidan o juzguen el “negocio”. Y de la sierra, según los corridos, salen todos los traficantes para integrarse de manera clandestina, pero no anónima, a la convivencia social y comercial.

Adiós sierra de Coahuila,

de Sinaloa y de Durango,

de Sonora y Tamaulipas,

Chihuahua te estás quedando…

(Vacas de a kilo)

Cuánto costará la sierra

de Michoacán a Colima,

yo traigo entre ceja y ceja

El aguaje y Aguililla…

(El Tarasco)

Finalmente, es necesario hacer mencion del marcado uso de la primera persona del singular dentro de las historias que aborda el narcocorrido.

Su utilización como recurso es muy frecuente, quizá porque el YO proyecta cierta seguridad y confianza en lo que se es y en lo que se dice. Las frases en primera persona de los narcos en sus corridos están provistas de honestidad, de aclamo por recibir admiración y de ser aceptados o, en última instancia, el afán por ser populares.

Con la presencia del yo-traficante en las letras, quienes los cantan y escuchan, convierten la narración en experiencia propia, asumida en el momento de repetir oralmente la historia. El receptor de esta música no permanece ajeno a los hechos que les suceden a los narcos, por el contrario, se identifica con ellos.

Así, los narcocorridos cumplen, indirectamente, la función de hacer de esta actividad un anhelo, de presentarla como una alternativa viable para sobresalir en la vida, ya sea en lo económico, en la valentía o en la invulnerabilidad ante la ley.

El YO del traficante ejerce fascinación; se presenta pues, como un modelo en el que cualquiera puede convertirse.

Soy el Jefe de Jefes señores,

me respetan a todo nivel,

mi nombre y mi fotografía,

nunca van a mirar en papeles,

porque a mí el periodista me quiere

y si no mi amistad se la pierden.

(El Jefe de Jefes)

Ya mucho tiempo fui pobre,

mucha gente me humillaba,

empecé a ganar dinero,

las cosas están volteadas.

Ahora me llaman patrón,

tengo mi clave privada.

(Clave privada)

En cuanto a las expresiones utilizadas en los narcocorridos, podemos encontrar una infinidad de frases denominadas “claves”, o mensajes de poco sentido para la mayoría de las personas: …esto lo digo con clave/ muchos pueden entenderlo/ y aquellos que no lo entiendan/ echen a andar el cerebro. (Las novias del traficante)

Y es que hay narcocorridos que parecen funcionar como medio de reconocimiento de la identidad de traficantes, capo o cárteles. Alguno de ellos, aunque negado por sus compositores, son cantados para resaltar la personalidad y los logros de tal o cual traficante.

Otro tanto hacen metáforas y las metonimias, creadas para designar actividades, cosas o lugares. Insinuaciones apenas de lo que realmentees y está en el “negocio”. De sus significados hablaré en el capitulo correspondiente.

d)Métrica y estructura del narcocorrido

Respecto a la métrica, se observa que la composición literaria en versos octosílabos continúa siendo la más frecuente también en estos corridos; pero, lejos de continuar con la típica estructura de agrupación de los versos, los narcocorridos han dejado de lado los cuartetos para darles preferencia a los sextetos.

La utilización de las estrofas de seis versos en estas composiciones no es nueva, ya entre los corridos de revolucionarios hay algunos que cuentan con ella. Lo relevante aquí es el marcado y recurrente uso de éstos por los compositores del corrido moderno. Los sextetos, por su mediana extensión, permite abundar más en la narración y proporcionar detalles acerca del hecho y los personajes en una sola estrofa, esto es una ventaja sobre los cuartetos.

Salieron de San Isidro,

procedentes de Tijuana,

traían las llantas del coche,

repletas de marihuana;

Eran Emilio Varela

y Camelia “La Texana”.

(Contrabando y traición)

La rima, aunque continúa siendo variada (asonante y/o consonante), se ha especificado un poco más en cuanto a los versos que suelen llevarla. Es decir, anteriormente, la rima bien podría recaer sobre los versos pares o en los impares, era indistinto; ahora, en el narcocorrido, la rima suele aparecer siempre en los versos pares (2,4 y 6), notándose la ausencia de ésta en los impares (1,3 y 5).

1-Yo me paseo por Tijuana (sin rima)

2.-en mi Cheyene del año, (a-o)

3.-dos hombres en la cajuela (sin rima)

4.-con un cuerno en cada mano, (a-o)

5.-de vigilancia dos carros (a-o rima sin correspondencia)

6.-por si sucede algo extraño (a-o)

(Clave Privada)

1.-Dicen que venían del sur (sin rima)

2.-en un carro colorado (a-o)

3.-traían cien kilos de coca (sin rima)

4.-íban con rumbo a Chicago, (a-o)

5.-así lo dijo el soplón (sin rima)

6.-que los había denunciado. (a-o)

(La banda del carro rojo)

En lo referente a las fórmulas en la composición literaria, éstas son retomadas de las ya existentes ( presentación del corridista, llamada al público, lugar y fecha del suceso, presentación de personajes, mensaje o historia, sentencia aleccionadora, etc.), aunque la mayoría de los narcocorridos no tienen un patrón literario establecido.

La única constante en ellos es la del consejo aleccionador dirigido a los traficantes mismos. Casi todos sus corridos encierran una moraleja, frecuentes son las de “no traición”, “diligencia y discreción en el negocio”, y “amistad y respeto a quienes comparten el oficio”.

La traición y el contrabando

son cosas incompartidas.

(Contrabando y traición)

La traición no es buen negocio

cuando se apuesta la vida.

(La muerte del soplón)

Me gusta que me respeten

aunque les parezca mal.

(El balido de mi ganado)

 CAPITULO DOS:

Fenomenología del Narco

 1. Algunos aspectos de consideración sobre el narcotráfico

De las actividades delictivas de este siglo, ninguna ha sido tan perseguida como la del narcotráfico. El crimen organizado, como lo nombran los poderes del estado en su discurso anti-drogas, lejos de debilitarse o ceder ante el permanente combate del que es objeto, se ha tornado ya en algo más que un simple delito.

A pesar de la naturaleza ilegal que condena al narcotráfico a la clandestinidad y persecución, éste ha creado sus propios medios para permear su ilícito discurso en las masas, más aún, supo integrarse a la cotidiana convivencia social. Incluso, se ha involucrado con las instituciones que le condenan y combaten (Poder Judicial) e, inevitablemente, las ha corrompido.

El poder económico, el poder armado o el poder de influencias que supone esta actividad, ha tocado, directa o indirectamente, hasta aquellos agentes sociales o culturales que, en apariencia, no tienen nada en común que pueda acercarlos. Un ejemplo de esto serían las relaciones, por afinidad religiosa, de algunos capos con representantes del clero mexicano, además de la reciente acuñación del término narcolimosna.

También se ha manifestado la ingerencia del narcotráfico en los medios masivos de información con la existencia de los llamadosnarcoperiodistas.

Pero más allá de esto, los narcos emergen y se desplazan en y entre la sociedad como un grupo con orígenes y rasgos definidos. La dimensión social y cultural de tal grupo no sólo se limita a los individuos involucrados directamente en el negocio y a su manera de ser y pensar, sino también a beneficiarios (o afectados, según el punto de vista) indirectos de tal actividad (empresarios, banqueros, políticos y demás redes de complicidad), a las víctimas de ese delito(consumidores de enervantes), y hasta a individuos ajenos a esto y que, de manera inconsciente tal vez, adoptan los patrones de manifestación cultural emanados del narco.

A esas manifestaciones culturales con las que se identifican quienes siembran, procesan y trafican con mariguana, amapola o coca se le ha denominado narcocultura. Ahora bien, esta cultura del narco engloba rasgos como la creación de nuevos espacios económicos y sociales, comportamientos de convivencia social emergentes, usos, costumbres y expresiones en el pensar, en el hablar y hasta en el vestir, acompañados de una curiosa concepción de la vida y la muerte.

Además de su propia y característica manera de ser, los narcos se identifican por pertenecer a un nuevo grupo socioeconómico. Ellos surgen, generalmente, de sectores propios del medio rural; son de clase media-alta cuyo status ha declinado por el abandono en que ha caído la agroeconomía; también están aquellos grupos de clase baja cuya expectativa es la de mejorar su calidad de vida. Grupos lumpen y populares que están al margen de la sociedad oficialmente reconocida, es decir, el campesinado condenado a la marginación y a la pobreza. Se agregan también a ellos los políticos, empresarios, banqueros e individuos de posición social destacada que, desde los espacios citadinos, se involucran en el negocio de una u otra forma.

El grupo se ve pues, como una “lumpenburguesía” encaminada a la obtención de estratos más altos, en lo económico y social, mediante actividades delictivas. En un narcotraficante, específicamente en un capo o jefe de cártel, se combinan las actitudes y el comportamiento de los empresarios legales con el de los delincuentes.

Los narcos despliegan, por su actividad ilegal, la práctica de la agresión en las formas más violentas. Son estratégicamente destructivos de la misma sociedad en la que buscan integrarse y ser aceptados. Pero además pretenden la autoafirmación por medios menos agresivos, esto es, con la ostentación en sociedad de las posesiones económicas, con la búsqueda de apoyos políticos y populares, con el reconocimiento, con la influencia económica y hasta con el acercamiento a las instituciones religiosas. Ortiz Pichetti resume muy bien, en el título de uno de sus reportajes, el fenómeno sociocultural del narcotráfico: “De la cuna al cementerio, la cultura del narco no se oculta: invade, corrompe, contagia, se vuelve anhelo.”

 2. Panorámica de la narcocultura

El consumo y el tráfico de enervantes legalmente prohibidos dan pie a la formación de la narcocultura, pero la incidencia de ésta no es solamente en espacios determinados ni reducidos, sus patrones trastocan al sistema político, al económico, al social y, por supuesto, al cultural. Y es importante señalar que la existencia y el poder del narcotráfico es justificada y mantenida por un sólo factor: el carácter ilícito que el estado le ha conferido como actividad. De ahí parte todo.

En el sistema político, el narcotráfico ha sido tomado de maneras contradictorias. Por un lado se le condena y combate en forma oficial, pero por el otro, se aceptan, disimuladamente, los beneficios financieros que tal delito otorga, ya sea directa o indirectamente, a las élites del poder. El narcotráfico pues, permea y corrompe a quienes legislan y dirigen el destino del país. Incluso se ha hablado, en los últimos años, de la formación de narcopolíticos.

El narcotraficante busca la complicidad, los nexos amistosos y económicos con aquellos hombres que destacan en el ámbito político. De esta manera aseguran, desde “dentro”, cierta invulnerabilidad ante las instituciones del estado encargadas de combatirlas.

Los nexos entre políticos corruptos y narcos es benéfico para ambos porque rinde buenos frutos. Así, por ejemplo, un político en campaña, financiado con dineros provenientes del narcotráfico, y que llega a la presidencia municipal, a la gobernatura o a cualquier otro importante peldaño político, otorga concesiones y soslaya el combate de las actividades delictivas de quienes lo ayudaron a llegar al poder. Y es que, según Luis A. Astorga, tanto los narcos como los malos políticos cuentan con afinidades: “Ambos lucran con la esperanza y la desesperanza. Unos poseen inmensas fortunas y controlan regiones, otros poseen también riquezas descomunales y controlan el país”. Ambos cuentan con poder para destruir vidas, sólo que los políticos lo hacen desde la legalidad y los narcos desde la ilegalidad.

No es extraño pues que, contando con estos paralelismos, nacotráfico y política se consoliden y creen relaciones de poder.

En el sistema político mexicano son más o menos conocidos, o sospechados con fundamentos, los nexos entre funcionarios públicos y narcos. También aquéllos con judiciales, jueces, legisladores y militares. Y aunque celosamente protegidas por una discreción a medias, estas relaciones son un secreto a voces hasta para los individuos menos enterados del tema.

La corrupción es constante y se renueva conforme avanzan los ciclos de la política en México. En los últimos tres sexenios, por ejemplo, se han dado a conocer los nombres de algunos individuos que, desde dentro del sistema protegían, a cambio de beneficios económicos, este delito. Y es también en cada nuevo sexenio cuando se crean los nexos de complicidad, de protección y pago, de tráfico de influencias, entre otros.

En cuanto al aspecto económico, hay que decir que un narcotraficante es considerado como un inversionista en potencia. El llamado “lavado de dinero” es una actividad bastante redituable para los individuos que la realizan. El “dinero fácil” es una droga igual de dañina que los mismos enervantes con los que se trafica. Comerciantes, banqueros, agricultores empresarios e industriales de distintos ramos son inmiscuidos, de manera parcial o total, en actividades inherentes a la “legalización económica” de este delito. Y resulta curioso saber que, dentro de esta actividad se ha otorgado cierta licitud marginal. Las autoridades fiscales miran con cierta tibieza el lavado de dinero y, hasta cierto punto parece que se le ignora. ¿Cómo no darse cuenta de las enormes sumas de dinero que provienen de ninguna parte y que logran hacer, hasta del negocio menos inoperante, una empresa muy productiva? ¿Cómo “lavar” los dineros de los traficantes sin pasar antes por los medios económicos y financieros legales? ¿Y cómo justificar ante autoridades hacendarias las riquezas inexplicables? En fin, la “legalización económica” del narco tiene amplia cabida dentro del sistema de economía neo-liberal.

Los ramos preferentes por los traficantes para “lavar” su dinero se han hecho más identificables en los últimos años. Se invierte, por ejemplo, en la agricultura y la ganadería, en la hotelería, gastronomía y, más recientemente, en empresas dedicadas a la presentación de espectáculos artísticos.

Hay que agregar también que la derrama económica proveniente del narco genera fuentes de empleo y contribuye al crecimiento o modernización de las economías de los estados. Quizá por eso se hacen pocos esfuerzos para combatir el “lavado” económico.

Y no son pocos, como ya lo dije antes, los casos de sospecha, tampoco de quienes se les puede comprobar de manera fácil su participación en tal actividad. Citables son, por ejemplo, los casos de “agricultores” que ganan ostensiblemente más de lo que otro agricultor, con igual o mayor número de hectáreas sembradas, obtendría por la venta de sus cosechas. Ahora bien, en las grandes ciudades, el narcodinero circula en bancos, en inversiones en la bolsa de valores, en las grandes sociedades comerciales y mercantiles y hasta en los capitales de pequeñísimos negocios tales como tortillerías o lavanderías.

Luis A. Astorga menciona el caso de un “banquero de cabecera” que recibía comisiones por lavado de dinero o asesorías especiales., “su salario nominal -escribe- no alcanzaría para viajar seguido a las Vegas, apostar y sostener su tren de vida”.

Vemos pues, como el narcotráfico, el sector económico y el sector político llegan a mezclarse y convivir, aunque estos dos últimos pretendan ignorar al primero. Sin embargo el narcotráfico les corrompe y les impone su regla de juego: el poder (económico o político) a toda costa; reglas que, viéndolo bien, son resaltadas por el sistema neo-capitalista vigente en las sociedades actuales.

De estas relaciones entre poderes económicos y políticos con el narcotráfico, se desprende también la violencia, evidenciada en las ejecuciones sangrientas de quienes traicionan la discreción y la lealtad a los nexos creados entre narcos y políticos o narcos y “lavadores”. No obstante, las relaciones entre éstos y aquéllos son más frecuentes cada día, se diría que los narcos ganan terreno poco a poco.

Del otro lado, en los campos culturales y sociales, el narcotráfico adquiere sus mayores rasgos de expresión e identificación.

La narcocultura toma, en estos ámbitos, una magnitud apenas imaginable y poco estudiada. Ya no son solamente las consideraciones penales o morales que el narco pervierte en la política y la economía; aquí ya entra desde la religión, hasta un determinado gusto en el vestir, pasando por peculiares formas de pensar y actuar. Convendría señalar también lo popular de algunas de sus manifestaciones, tales como los narcocorridos. Y digo popular porque no creo que exista en nuestro país alguna persona que no haya escuchado, cantado, o en el extremo de los casos, bailado uno de ellos.

Los narcocorridos, además de la vestimenta y manera de comportarse de los traficantes, han creado una imagen estereotipada del estos individuos. Para muchos, el aspecto de ellos ya es inconfundible. Ortiz Pinchetti los describe así: “visten pantalón vaquero, camisa de seda estampada, sombrero texano, cinto piteado y botas de piel de víbora. Lucen cadenas y esclavas de oro, anillos de brillantes, relojes Rolex. Cargan teléfonos celulares. Viajan en camionestas Ram o Suburban con vidrios polarizados, donde llevan R-15 y cuernos de chivos. Escuchan a todo volumen música de la onda grupera. Son léperos y bravucones, prepotentes y ostentosos, mujeriegos, gastadores y generosos con los suyos.”

Pero el aspecto de un traficante ya no sólo es particular en ellos, esa vestimenta, tan propia de los campesinos serranos, pero a la vez tan sofisticada, se ha popularizado en algunos sectores de la población; muchos jóvenes de clase media y baja la han adoptado como una moda acorde a sus gustos musicales.

La música, dentro de la narcocultura es determinante porque extiende el discurso de los traficantes a los medios y espacios más populares de la sociedad. Así, los narcocorridos, que son las canciones donde reflejan toda la esencia de su actividad, son la vía perfecta para “propagar y compartir” su “filosofía” con los demás. El “contagio” social de la narcocultura, llega pues, con los narcocorridos. Y es, gracias a éstos, que se pueden deducir fácilmente los “valores éticos” (porque los tienen) que los traficantes elogian en sí mismos: la lealtad, la amistad, la discreción en los “negocios”, el arrojo, la valentía, la audacia, la hombría y el respeto; asimismo, rechazan la traición y la cobardía, éstas, según los narcocorridos, “se pagan con la muerte”.

Pero no sólo en la música los narcos se han erigido como un “grupo social” digno de ser temido. En la segunda mitad de la década de los sesenta y durante la de los ochenta, el cine comercial en México produjo una cantidad enorme de películas donde la temática era la lucha entre narcos y judiciales. Estas cintas, aunque de mala calidad en todos los sentidos, contaban (acaso todavía) con un amplio público. Y es que se solía llevar a la pantalla las historias de los narcocorridos. Camelia La Texana, La banda del carro Rojo y El hijo de Camelia la Texana son tan sólo algunos títulos de las muchísimas películas donde el traficante era presentado como un anti-héroe imitable, un “delincuente bueno”, un modelo de hombría admirable, es decir, casi un ídolo.

Así, desde los mecanismos de “entretenimiento y diversión”, algunas manifestaciones de la narcocultura han permeado en el subconsciente colectivo de nuestra sociedad y ésta, de cierta forma, le ha otorgado el favor a los traficantes, ve en ellos a individuos que merecen tolerancia y, por qué no, los han considerado menos “hipócritas” o “dañinos” a la sociedad que a los mismos representantes de la ley.

Porque en todo caso, los traficantes se han forjado una imagen más afectiva que los funcionarios del estado. Son más populares y, “quien tiene la popularidad, tiene el consentimiento y la gracia del pueblo.”

En otro orden de manifestaciones de la narcocultura, conviene resaltar, por su singularidad, el binomio religión-muerte.

Resulta curioso el que los grandes capos y jefes de cárteles, teniendo conductas delictivas pueden ser, al mismo tiempo, individuos muy religiosos. La devoción que demuestran por las imágenes de la Virgen de Guadalupe y del “Santo Malverde”, así también como lasnarcolimosnas, es decir, los dineros que los traficantes donan a iglesias y seminarios, son una prueba de las cercanía de ellos a la religión. Más aún, son “caritativos” a más no poder, patrocinan hospicios, hospitales, asilos y hasta financian obras de beneficio social.

Su religiosidad ha llegado al extremo de hacerse de su propio santo, “San Malverde”. La historia de este santo está ligada, coincidentemente, con las historias de los “bandidos buenos” tan comunes a finales del siglo pasado y principios de éste. San Malverde también fue un ladrón “bueno y generoso” que asolaba brechas y caminos en el estado de Sinaloa por tiempos del porfiriato. Él también “robaba a los ricos para darles a los pobres y, también por ese hecho, fue ahorcado en 1909. Su leyenda fue creciendo tanto que la gente más humilde se encomendaba a él. Así, se le adjudicaron milagros y hasta se construyó una capilla en su honor en el mismo lugar donde supuestamente se encontraba el árbol donde fue colgado. Con el tiempo, los narcos sinaloenses lo adoptaron como su santo patrono, quizá por la similitud de sus “actos caritativos” con los de aquél. Su veneración es total, y hasta hay quienes se mandan confeccionar costosas camisas con la imagen de tal “santo”. Según testimonios recogidos por Ortiz Pinchetti, es común que en los plantíos de mariguana y amapola se levante un altar con la efigie de Malverde; esto con el fin de asegurar la buena cosecha.

Esta religiosidad está unida, indefectiblemente, a la concepción que ellos tienen sobre la muerte. Un traficante está consciente de que, por su estilo de vida el único futuro posible es la muerte. Por ello, se recurre al auxilio espiritual, al bienestar del alma mediante la fe en la divinidad. No obstante, la muerte es vista, aparentemente, sin miedo; se vive con la misma intensidad con que se espera la muerte.

Así se explica también su marcado gusto por la festividad, por la alegría desbordante y por el disfrute de “sus aventuras” contadas en sus corridos. En uno de ellos, interpretado por el Grupo Exterminador, se canta festivamente: “Ya tengo lista la tumba/ para cuando yo me muera,/ tengo pagada una banda/ y un entierro de primera”. Y en verdad así son las cosas, no pocos traficantes suelen adelantar los gastos del sepelio en vida, esto les asegura el “entierro digno” que ellos han idealizado. Su “dignidad”, es pues, llevada hasta las últimas consecuencias.

La muerte de un capo, traficante poderoso o alguno de sus familiares cercanos es acompañada siempre de un despliegue ostentoso de detalles funerarios.

Y lo florido de este aspecto de la narcocultura es, sin lugar a dudas, las narcocriptas. En los cementerios de la ciudad de Culiacán, considerada ya por cierto como la cuna del narcotráfico, se levantan criptas que, por su magnitud, se asemejan a residencias. Tumbas y mausoleos construidos con mármol y provistas de adornos artesanales de herrería y cantera. Y es común que se coloque una fotografía de la persona en vida portando armas o reunido con sus familiares en alguna festividad.

“En Culiacán, las narcocriptas -decía, al respecto de la narcocultura, un reportero del noticiero Hoy mismo que conducía Guillermo Ochoa- se han vuelto un atractivo turístico,”

La narcocultura pues, se va integrando poco a poco a lo que es la cultura dominante, sus rasgos son cada vez más aceptados y hasta adoptados por la sociedad.

Pero más allá de “propagar” su cultura, los narcos se integran, desinhibidamente, a la convivencia social.

Aunque considerados como unos criminales, los narcos, gradualmente se acercan a las élites sociales, y aunque éstas, en primera instancia los rechazan, terminan por resignarse y aceptarlos. La obsesión del traficante por su ascenso social, si es que proviene de grupos bajos y marginados, se manifiesta en el llamado “lavado social”. Si con el “lavado de dinero” se busca limpiar las riquezas mal habidas, con este otro lavado se pretende el lustre de los nombres y los apellidos familiares. Los mecanismos para tal fin son variados, van desde aportaciones económicas para fines filantrópicos a asociaciones creadas y dirigidas por “gente distinguida”, exorbitantes pagos a “exclusivísimos clubes sociales” que dudan en aceptar su ingreso y hasta la creación de nexos familiares mediante matrimonios con destacados miembros de la vida social.

Los narcos también suelen establecerse en colonias de “ricos” y buscan departir socialmente con ellos. Y gracias a su poder económico se hacen de amigos y de una imagen “respetable” socialmente hablando.

Pero esa pretensión de ascenso en el status no está reñida con sus usos y costumbres adquiridas en los estratos populares en los que ellos también se desenvuelven. Su forma de expresión verbal, su comportamiento hacia los demás, sus modales, su “pintoresca ignorancia” y su simplicidad cultural los delata. Conservan el aire propio de los individuos lumpen. Su aspecto de “nuevos ricos” no lo pierden aún con el continuo roce social. De hecho, ellos viven añorando el campo, la sierra, la vida sencilla y desprovista de protocolos y reglas que sólo se da en los pueblos. No es extraño entonces que sus canciones siempre hagan alusiones a escenarios naturales y a animales del campo. Tampoco que gusten de vestir como campesinos. Tampoco que prefieran poseer camionetas de carga antes que autos deportivos. Pero su “lavado social” se da y es efectivo, y poco importa su condición de criminales.

El narco y su cultura, qué duda queda, está en todos lados.

CAPÍTULO TRES:

Conceptos y “claves” en el narcocorrido

La vida y la muerte, vistas por el traficante

En el discurso que los traficantes proclaman, la muerte tiene alusiones constantes. En los corridos, todo personaje asume su muerte como un fin inmediato y difícil de eludir:

“Ya tengo lista la tumba/ para cuando yo me muera/ tengo pagada una banda/ y un entierro de primera…”

“En el panteón de mi pueblo/ hay una tumba vacía/ esperando a que yo muera…”

“Hagan ya su testamento/ puede explotarles la almohada…”

De la misma manera y como contrapartida, se saben poseedores del poder de fuego suficiente como para asesinar a otros individuos que amenazan su seguridad. Se trata de defender la vida a toda costa porque se siente la muerte muy cerca.

“Desean acabar conmigo/ pero he llenado panteones…”

“Los que han querido matarme/ les ha costado la vida…”

“Han querido arañar mi corona/ los que intentan se han ido muriendo…”

No se pasen de la raya/ porque no está muerto el rey…”

Como vemos, todo traficante, en sus corridos, se juzga capaz de enfrentarse a terceros y salir vencedor, pero no descarta en ningún momento la posibilidad de su muerte. Expresiones como “he llenado panteones”, “la vida pueden perder” y “no se pasen de la raya” son advertencias más que explícitas para cualquiera que busca el enfrentamiento o que cometa traición.

El peligro de muerte, o mejor dicho, la muerte misma, es parte de los gajes del oficio del traficante, por eso la vida de los personajes en los narcocorridos transcurre entre aventuras, delitos, amoríos y actos de valor de una manera vertiginosa hasta desembocar, irremediablemente, en la muerte a manos de la justicia o de sus “compañeros”.

El traficante asume cierta jerarquía obtenida gracias a la muerte de terceros. Metáforas como “han querido arañar mi corona” y “no está muerto el rey”, revelan su “poder” y su “imperio” obtenido con el delito y mantenido gracias a su valor, a la capacidad para sobrevivir y, en especial, a la manera de deshacerse de sus enemigos.

Tres frases, en distintos corridos, son explícitas en lo que respecta a la muerte de los enemigos: “hacerlos tragar tierra”, “mandar(los) al infierno” y “mandar(los) a la región de la nada”. Anotaré aquí que el cielo o el paraíso, como los ilustra el cristianismo, nunca son contemplados por los traficantes como “el lugar al que se va” después de morir.

Para ellos, lo más cercano al paraíso está en esta vida. La sierra es el edén perdido por un traficante y a la cual se vive extrañando.

“Viva la sierra muchachos/ junto con toda su gente…”

“Cuánto costará la sierra/ de Michoacán a Colima,/ yo traigo entre ceja y ceja/ El Aguaje y Aguililla…”

“Adiós sierra de Coahuila/ de Sinaloa y de Durango/ de Sonora y Tamaulipas,/ Chihuahua te estás quedando…”

La sierra es pues, el único sitio que reconforta ante el estilo de vivir de estos individuos. Y más allá de esta vida, parece pensar el traficante, sólo está el olvido y la nada, por eso conviene dejar constancia de su valor, poderío, riqueza, carácter, etc. y para eso están los corridos ynarcocriptas (el poder que un capo o traficante tuvo en vida es remarcado en sus canciones o en lo “monumental” de sus tumbas y lo festivo de su sepelio)

La ostentación, la alegría desmedida manifestada en las fiestas y “relajos”, el gusto por las emociones fuertes y el poder para disponer incluso de otras vidas son apenas unos cuantos rasgos que delatan la filosofía de vida del traficante.

Y aunque la vida es “vivida” en la medida en que se es “rico y poderoso”, en los corridos ésta no aparece nombrada con eufemismos o metáforas. Es vista y nombrada tal cual, sin mayores adornos.

La muerte

Yo no le temo a la muerte/ y menos a las prisiones… El clavo

Los que han querido matarme/ les ha costado la vida… El balido de mi ganado

Han querido arañar mi corona/ los que intentan se han ido muriendo… El jefe de jefes

Ya tengo lista la tumba/ para cuando yo me muera/ tengo pagada una banda/ y un entierro de primera… La tumba

En el panteón de mi pueblo/ hay una tumba vacía/ esperando a que yo muera… La tumba

A tres bandidos mandó/ a la región de la nada… Temible cuerno de chivo

Los que mueren se retiran/ los que viven al negocio… Gerardo El poderoso

Se enfrenta a los federales/ y no le teme a la muerte… Jaime pantera

La vida

Como todo mexicano/ me gusta vivir alegre/ y con música norteña/ el corazón se me enciende… El agricultor

Me gusta jalar parejo/ me vivo de vaquetón… Líneas de a metro

Mucha gente critica mi vida/ porque trabajo contra la ley… El puño de polvo

Vivo de tres animales/ que quiero como mi vida… Mis tres animales

Aprendí a vivir la vida/ hasta que tuve dinero… Mis tres animales

Mientras tanto yo le sigo/ dándole gusto a la vida… La tumba

Pero mientras que la vivas/ hay que seguir disfrutando… Avionetas cargadas

El valor y el riesgo

Se necesita valor para “manejar el negocio fuerte”, dice el traficante en sus corridos. “Tener pantalones”, “ser un gallo de pelea”, “nunca rajarse”, “ser bravo”, “no conocer el miedo”, “ser perrón” (o ser “chucha cuerera”, en el caso de la mujer traficante) son expresiones utilizadas para proclamar esa valentía.

El traficante, además, dice (y se dice a sí mismo) que el lugar donde nació, o donde vive, es el sito en el que todos son valientes, y se señala él mismo como el mejor de todos:

“El miedo no lo conozco/ para eso no tuve suerte/ soy cerca de Culiacán/ valle de puros valientes…”

“Su madre es mexicana/ de ahí sacó lo valiente…”

Curiosa es también, la asociación que el traficante hace de su valentía con características de algunos animales. “Ser gallo de pelea”, por ejemplo, remite al arrojo instintivo que esta ave posee en los enfrentamientos con otra de su misma especie y género; “ser bravo”, un adjetivo calificativo que en el habla popular se aplica a los perros; “ser perrón” y “ser chucha cuerera” es la misma idea de la frase anterior.

El valor, entonces, es expresado con algunas propiedades de animales. Se deduce por tanto que el traficante se ve a sí mismo como un “animal fiero”, desprovisto de cualquier escrúpulo o temor cuando de mantenerse con vida y dentro del “negocio” se trata:

“Es astuto como un tigre/ y sagaz como un pantera/ tengan cuidado señores/ porque anda suelta esta fiera…”

“Es una hembra muy brava/ que ha matado a mucha gente…”

Ahora bien, la valentía está fuertemente ligada con el riesgo en el que se vive. Esa certidumbre de ser perseguido para ser asesinado está contenida en lo siguiente: El traficante “se arriesga” con el “negocio duro”, “firma su sentencia”, “anda a salto de mata”, “trae en cuello la vida”, arriesga el pellejo”, “se rifa la vida y el cuerpo”, “se juega la vida” y “trae cerquita la muerte”.

Con lo anterior podemos afirmar que el traficante ve su actividad como un negocio-juego-compromiso, en el que la máxima es “el que no arriesga, no gana”. Lo que se arriesga, se apuesta y se compromete es, en este caso, la vida. Y se tienen muchas posibilidades de perder, por eso la valentía es un elemento necesario en ellos:

“El negocio es muy bonito/ pero también arriesgado/ arriesgas hasta la vida/ lo sabemos de antemano…”

“De muy chico comprendí/ lo duro que era la vida/ por eso me la he rifado/ para tener lo que yo quiera…”

Ser traficante es un riesgo, está claro, pero lo que sorprende aquí es la persistencia por seguir en el negocio hasta las últimas consecuencias, y también de verlo como un compromiso (“firmé mi sentencia”). Esa necesidad por pertenecer al grupo , al cártel, al “clan” de la riqueza y el poder de fuego.

El “arriesgue” de la vida es total y se debe tener “la sangre fría” y el valor suficiente para hacerle frente a la muerte:

“Seguiré vendiendo yerba/ en todito el mundo entero/ no importa que para lograrlo/ tenga que rifarme el cuero…

El valor

Manejo el negocio fuerte/ me gustan las emociones/ yo no le temo a la muerte/ y menos a las prisiones/ nunca me atengo a mi surte/ me atengo a mis pantalones… El clavo

El miedo no lo conozco/ para eso no tuve suerte/ soy cerca de Culiacán/ valle de puros valientes… Clave privada

Yo sé que me andan buscando/ y que me quieren matar/ las habladas no me asustan/ los hechos quiero mirar… Líneas de a metro

Como no me asusta nada/ me paseo por dondequiera… El balido de mi ganado

Se necesita valor/ para entrar al contrabando… Líneas de a metro

Es un hombre de valor/ por muchos muy respetado… El fugitivo

Es un gallo de pelea/ y siempre lo ha demostrado… El fugitivo

Es astuto como un tigre/ y sagaz como una pantera/ tengan cuidado culebras/ porque anda suelta esta fiera… Jaime pantera

La famosísima jefa/ es una chucha cuerera/ sabe muy bien sus deberes/ pa’ traficar con la droga/ y de todas las mujeres/ la jefa es la más perrona… La jefa

Se metieron a la mafia/ por no conocer el miedo… Pollitas de cuenta

El riesgo

Yo sé que el negocio es duro/ que traigo en cuello mi vida… El agricultor

Tengan cuidado señores/ andan buscando la muerte… Clave privada

De muy chico comprendí/ lo duro que era esta vida/ por eso me la he rifado/ pa’ tener lo que yo quiero/ igual me juego la vida/ por un amigo sincero… Líneas de a metro

Siempre se rifan la vida/ sin importar el terreno… Carrera prohibida

Traigo cerquita la muerte/ pero no me sé rajar… Mis tres animales

El negocio es muy bonito/ pero también arriesgado/ arriesgas hasta la vida/ lo sabemos de antemano… Avionetas cargadas

Seguiré vendiendo droga/ en todito el mundo entero/ no importa que pa’ lograrlo/ tenga que rifarme el cuero… El agricultor

Pobreza y riqueza

Al “negocio” se llega, principalmente, por la necesidad y/o la pretensión de riqueza y de poder. El traficante tiene la idea, según las letras de sus corridos, de que “se aprende a vivir la vida, hasta que se tiene dinero” y que “la pobreza ni en cine es bonita”.

Y es que la pobreza “no se soporta” y hasta “las promesas cansan” (se dice esto aludiendo, seguramente, al discurso de los gobernantes políticos, tan plagado de compromisos de bienestar social y económicos que nunca se concretan).

Una vez dentro del narcotráfico, se resuelven los problemas de índole económica (tan determinantes en nuestra sociedad de consumo). Después de adquirir la riqueza, el traficante no niega ni oculta su procedencia de “cuna pobre”, por el contrario, se exalta el pasado de humildad económica dentro del presente (su presente) colmado de riqueza monetaria. Se ensalza a sí mismo. Su triunfo fue haber superado el destino pobre ya marcado para las clases humildes del campo y haberse hecho de un espacio social y económico, eso que se llama “ser alguien”.

Esta es una de las virtudes del “negocio”, permite obtener lo que siempre, tal vez por generaciones en la familia, se ha querido: el desahogo económico y la obtención de bienes y servicios requeridos para “vivir bien”.

Este dinero mal habido que en abundancia llega a las manos de los traficantes, es utilizado, en gran medida para la diversión, los servicios exclusivos, los lujos, “la buena vida”, pues (recuérdese que los narcos son, según ellos mismos, gastadores a más no poder):

“Por eso yo me lo gasto (el dinero)/ con mis amigos gustoso,/ y las mujeres, la neta/ ven dinero y se les van los ojos”.

Ahora bien, la continua mención de los “logros financieros” del traficante cumplen, como ya lo he dicho antes, con la función de ponderar y permear a la misma vez , en otros individuos, las ventajas de pertenecer al narco. Es también , una expresa invitación al delito mejor redituado en toda la historia de la humanidad. Se trata de “contagiar” esa fiebre por el dinero fácil, contagio que es muy efectivo cuando en nuestro país abundan los individuos que carecen de las mínimas oportunidades para lograr, de manera “normal”, su ascenso económico. Y es que “se hacen milagros con el dinero” y “aunque esté muy sucio -dicen los narcocorridos- quita el hambre, óiganlo bien”.

Además de presentar a otros los beneficios del negocio, el traficante busca siempre la “limpieza” de sus dineros con mecanismos ya antes descritos. También aplica una buena parte de su riqueza en obras y acciones que redundan en su buena imagen: son caritativos, construyen caminos donde antes sólo había brechas, hacen préstamos sin vencimiento de plazo, invierten en proyectos de trabajo propuestos por gente sin recursos y, en el mejor de los casos, regalan el dinero entre la gente necesitada.

Compartir algo de su riqueza es, para el traficante, un medio para forjarse la imagen de “buen tipo”, de gente “simpática y de buen corazón” que ayuda a quien lo necesita. Surge así, entre la gente, la idea de que después de todo, el traficante no es un delincuente al que se debería denunciar; porque un capo, con su propios recursos, hace lo que muchos políticos y gobernantes no pueden hacer: ofrece opciones laborales y financieras: “Mafia suena a economía/ aunque no lo quieran creer”.

Pobreza y riqueza

Por ambición al dinero/ me metí en el contrabando/ no soporté la pobreza/ las promesas me cansaron… El agricultor

Hoy tengo mucho dinero/ y vivo como quería… El agricultor

Hoy que probé la riqueza/ ser pobre yo ya no quiero/ seguiré vendiendo yerba/ en todito el mundo entero… El agricultor

Ya mucho tiempo fui pobre/ mucha gente me humillaba/ empecé a ganar dinero/ las cosas están cambiadas… Clave privada

Ando fuera de la ley/ me dedico al contrabando/ yo no nací pa’ ser pobre… Líneas de a metro

El dinero aunque esté muy sucio/ quita el hambre/ analícenlo bien/… la pobreza ni en cine es bonita… El puño de polvo

Aprendí a vivir la vida/ hasta que tuve dinero/ y no niego que fui pobre/ tampoco que fui burrero… Mis tres animales

El dinero en abundancia/ también es muy peligroso/ por eso yo me lo gasto/ con mis amigos gustoso/ y las mujeres, la neta/ ven dinero y se les van los ojos… Mis tres animales

Los licenciados arreglan todo/ se hacen milagros son el dinero… El borrego

Le gusta el negocio fuerte/ porque es el que da más lana… El fugitivo

Se dedican a la droga/ sin saber que sufrirán/ a ellos sólo les importa/ lo que les van a pagar… Dos muchachos

Mafia suena a economía/ aunque no lo quieran creer… Operación pesada

Amistad

El traficante gusta de tener amigos. La amistad es (claro que sí, y desde luego, y por supuesto) una de sus mayores virtudes. Siempre es resaltada en las letras de sus corridos. Y es que, el contar con buenos y sinceros amigos es necesario en ese tipo de negocio, en el que se tiene a tantos “competidores”, “envidiosos”, “soplones” y “enemigos”.

El narco “a todos brinda la mano” a los amigos “sinceros los trata como un hermano y “hasta la vida darían por él”; además, “les tiene buena ley”.

La amistad es pues, una sentimiento y una actitud que mucho tiene que ver con lo legal (les tiene buena ley). Es decir, la amistad deber ser “limpia”, no manchada por la misma ilegalidad del delito que cometen. Debe permanecer al margen de su actividad ilícita; debe ser, pues, manifestación leal en medio de la ilegalidad misma.

El traficante tiene el “compromiso de saber ser amigo”. Da y exige la fraternidad, la ayuda, la defensa, la discreción, el silencio. Sabe, también comprar la amistad: hace alianzas (gracias al dinero) con individuos que están al frente de las instituciones legales que los combaten. Saben hacer amigos, ya sea de una u otra forma:

“Quiero mandar un saludo/ a toditos los presentes/ amigos que están conmigo/ y también a los ausentes”.

Para los amigos que están con el narco, es decir, quienes lo apoyan, protegen y encubren su actividad, él siempre tiene “algo que ofrecer”, desde “su mano sincera”, hasta la riqueza. Así, hasta los funcionarios públicos pueden tener “nexos amistosos” con algún capo.

Los corridos presentan al traficante, en el aspecto amistoso, como un individuo poderoso, pero sencillo, y que sabe corresponder la amistad y el respeto.

Amistad

Quiero mandar un saludo/ a toditos los presentes/ amigos que están conmigo/ y también a los ausentes… Clave privada

Igual me juego la vida/ por un amigo sincero… Líneas de a metro

Sus amigos lo respetan/ y le tienen buena ley/ y si se trata de bronca/ la vida darían por él… El chacal

Le gusta ser muy sincero/ y a todos brindar la mano… El fugitivo

Al amigo que es amigo/ lo trata como a un hermano… El fugitivo

El tigre a mí me acompaña/ porque ha sido un gran amigo… Vacas de a kilo

La traición

Por otro lado, oponiéndose a la amistad, encontramos a la traición como la peor de las acciones que se puedan cometer dentro del “negocio”. La traición es “jugar chueco”, “cantar”, “ver la cara de conejo a otros”, “poner dedo” y “soplar”.

Se “juega chueco” cuando alguien, dentro del negocio (que también es un juego, como ya lo vimos antes), comete trampa. Es decir, cuando algún “ambicioso” delata, roba y/o asesina a alguien del mismo cártel.

“Ver la cara de conejo” refiere el que a algún traficante se le quiera hacer pasar como un sujeto pasivo y medio bobo como son los conejos domesticados. Se “ve a alguien la cara de conejo” cuando se le pretende engañar en alguna transacción, en una compra venta de droga. Hay que señalar también la similitud de la palabra “conejo” con aquél insulto tan común en el habla popular: pendejo. Y bien pudiera ser que aquella palabra esté, muchas de las veces, en lugar del insulto.

El “cantar y “soplar” son, básicamente, lo mismo. Es la idea de que la información que puede dañar la seguridad y la vida de otros delincuentes es tomada como una canción mal entonada o como un fétido soplido cuando es dirigida hacia la ley. El que comete traición de esta manera, dicen los corridos, es el peor de todos los traicioneros (el soplón). No es hombre. Con esta acción, se está más cerca de la femineidad o del aspecto de un repugnante reptil, que de la hombría.

Por último, “poner dedo”, no es otra cosa que el señalar o denunciar ante las autoridades a un colega.

En todos los aspectos de la traición, el único castigo es la muerte. La ejecución sangrienta del individuo en cuestión, o de toda la familia es necesaria para poner el ejemplo de lo que no se debe hacer y, evitar en lo futuro, que la traición se vuelva algo común dentro del “negocio”:

“Se le calienta la sangre/ cuando alguien le juega chueco/ da la orden de inmediato/ que le corten el pescuezo”.

“Yo tengo la mano dura/ con los que me juegan chueco/ no me gusta que me miren/ la carita de conejo”.

“La traición no es buen negocio/ cuando se apuesta la vida”.

La ejecución de un traidor es necesaria y obligatoria. Nadie que cometa esta falta debe o puede sobrevivir a la venganza de los afectados. Incluso, aun otros individuos que no fueron involucrados, apenas se enteran de la acción negativa, buscan eliminar al o a los responsables. El motivo es que no se tolera a un traidor. Repugna a todos el que exista, dentro del clan, alguien que no respete las reglas tantas veces reiteradas hasta el cansancio. Para eso también sirve el discurso de los narcocorridos, para advertir de lo que se debe y de lo que no se debe hacer dentro del negocio.

La traición

La traición y el contrabando/ son cosas incompartidas… Camelia La Texana

La traición no es buen negocio/ cuando se apuesta la vida… La muerte del soplón

Yo tengo la mano dura/ con los que me juegan chueco/ no me gusta que me miren/ la carita de conejo… No me cuido del gobierno/ me cuido de los traidores… El Primo

Se le calienta la sangre/ cuando alguien le juega chueco… El jefe X

No me gustan los traidores/ y quiero que entiendan eso… El jefe X

Y aunque le pusieron dedo/ no pudieron hallar nada… El clavo

Alguien ya les puso dedo/ y sé que traen yerba mala… La suburban dorada

Traían cien kilos de coca/ iban con rumbo a Chicago/ así lo dijo el soplón/ que los había denunciado… La banda del carro rojo

Las armas

El traficante gusta de las armas de fuego largas. Los rifles y las metralletas de alto poder son sus preferidas. Hacen de ello una extensión de su cuerpo, de su poder que llega hasta el límite al disponer de la vida de otros.

Las armas más comunes son el rifle M-1, la metralleta R-15 y un rifle de fabricación oriental llamada por los narcos como “Cuerno de chivo”, debido a la semejanza del cañón de esta arma con el cuerno de un chivo. Así también como las pistolas calibre 45.

Con un arma, el traficante reafirma su valor ante terceros y su no temor a la muerte. Con un arma, dice el traficante, “se da consejos a quien se pone malcriado”, “no se le teme ni al diablo” y se pude “hacer desaparecer” o “despedazar” a alguien. Por eso, “todo hombre que es de valor” requiere una.

Constituyen, además, una de sus principales herramientas de trabajo (las otras son las camionetas y las avionetas). Lo ideal para cualquier traficante es llevar consigo el arma, sea cual fuere el lugar a donde se vaya. Se debe estar preparado “por lo que pueda pasar”:

“Él siempre porta una super, la carga siempre a su lado…”

“Usa una 45/ con parque garantizado…/ su negocio lo requiere/ es bastante desconfiado“.

Un hombre con arma, refieren los corridos, siempre será respetado.

Por otro lado, si lo vemos desde la perspectiva del psicoanálisis, podemos deducir que la importancia de las armas para los traficantes radica también en lo que puedan significar sexualmente. El traficante tipo, ya lo hemos dicho, es un enamorado empedernido, un mujeriego que (ya hasta es un mito) puede satisfacer sexualmente a varias mujeres (posiblemente bajo el efecto de alguna droga). Las armas, simbolizan entonces, su capacidad viril. Entre más poderosa un arma, mayor el afán por tenerla y, por qué no, por cargarla y mostrar sus “virtudes” a sus colegas, a sus amigos y, claro está, a sus mujeres.

“Tiene el cañón decorado/ las cachas y el llavador,/ incrustaciones de plata/ por todo su alrededor/ es un arma que merece/ un arma que es de valor.”

Además, a las armas se les dota, de cierto animismo. Se habla de ellas como entes vivos. Lo más común es hablar de ellas como un “chivo” o un “toro”; animales, por cierto, que en nuestra cultura también tienen que ver en algo con la capacidad sexual:

“Puro “cuerno” y R-15/ es todito mi ganado/ es peligroso el balido/ así que tengan cuidado.”

Las armas

Él con su rifle M-1/ pronto hizo correr la sangre… Con su M-1 en la mano/ ya no le teme ni al diablo… Ismael Nuñez

Él siempre porta una super/ la carga siempre a su lado/ y con ella da consejos/ al que se pone malcriado… El fugitivo

Ya sabes lo que hay que hacer/ saca pues tu metralleta/ y hazlos desaparecer… La camioneta gris

Usa una cuarenta y cinco/ con parque garantizado/ también un cuerno de chivo/ con telescopio equipado/ su negocio lo requiere/ es bastante desconfiado… Jaime pantera

Puro cuerno y R-15/ es todito mi ganado/ es peligrosos el balido/ así que tengan cuidado… El balido de mi ganado

Cuando se enojan son fieras/ esas caritas hermosas/ y con pistola en la mano/ se vuelven re peligrosas… También las mujeres pueden

“La chocha” tiene R-15/ “La nena”, cuerno de chivo/todo aquél que se atraviesa/ lo despedazan a tiros… Socias de la mafia

En cuatro y trescientos metros/ levanto las avionetas/ de diferentes calibres/ manejo las metralletas… Vacas de a kilo

Tiene el cañón decorado/ las cachas y el llavador/ incrustaciones de plata/ por todo su alrededor/ es un arma que merece/ un hombre que es de valor… Temible cuerno de chivo

La mujer, vista por el traficante

El traficante, ya está visto, es considerado tan valiente como mujeriego. Gusta de compañía de las mujeres como de las armas mismas. Y en su medio sólo hay cabida para “hembras bellas”. Ningún narcocorrido refiere que algún capo o traficante busque la compañía de mujeres poco agraciadas físicamente.

La mujer vista por el traficante es el prototipo de la mujer hermosa y fatal. Y no hay momento festivo en que no se busque la compañía de ellas:

“No sufre por las mujeres/ la que le gusta se lleva/ nomás retumba la banda/ es que ya trae otra nueva…”

La mujer, dicen los corridos, “ve dinero y se le van los ojos”, pero sólo con ellas se “goza de los placeres”. Él es un “macho” y ellas son “hembras” (aquí está otra vez esa identificación con animales salvajes). Ellas ,son indispensables, los trabajos y aventuras del traficante no tendrían razón de ser sino hubiera de por medio una mujer bella. No obstante, la mujer, además de ser querida, también es temida. Y es que entre ellos se dicen que “hay que tener cuidado, si una hembra se siente herida”.

Entre las muertes de los traficantes que los corridos relatan, hay algunas que son efectuadas por mujeres “despechadas”. Es decir, de “hembras” que, siendo heridas sentimentalmente por el “macho”, buscan la venganza. Recordemos que uno de los primeros corridos que abordan la temática del narcotráfico, Contrabando y traición, refiere la muerte de un tal “Emilio” a manos de “Camelia La Texana”, ambos traficantes. Ella lo mata porque él confiesa tener “otro amor”, otra “dueña de su vida”.

En otra vertiente respecto a la mujer, los narcocorridos señalan la existencia de mujeres traficantes, porque ellas también pueden, y quieren, y además, con una pistola en la mano ellas también son “re peligrosas”

“También las mujeres pueden/ aunque nos duela aceptarlo/ lo digo aquí y donde quiera/ porque pude comprobarlo/ porque como un hombre se mueren/ y eso no hay que dudarlo…”

La mujer también tiene su lugar activo en el negocio, aunque, como dice el corrido, a “ellos” les duela aceptarlo. Si ellos son “machos”, ellas son verdaderas “hembras” en el sentido cabal de la palabra, incluso son tan “bravas” y “perronas” como ellos lo pueden ser:

“La famosísima Jefa/ es una chucha cuerera/ sabe muy bien sus deberes/ pa’ traficar con la droga/ y de todas la mujeres/ la Jefa es la más perrona…”

Ellas también matan y defienden la droga. Respetan las reglas del oficio. No tiene miedo a la muerte. Les gusta la emoción y el peligro. Cuando se enojan, esas “caritas hermosas se vuelven fieras”.

No obstante, la idea de que un cártel sea comandado por una mujer, aún está muy lejana de la realidad y de la concepción machista del traficante mexicano.

La mujer

Una hembra si quiere a un hombre/ por él puede dar la vida/ pero hay que tener cuidado/ si esa hembra se siente herida… Camelia La Texana

Pero lo encontraron muerto/ lo había matado una dama/ una mujer muy bonita/ que fue novia de Quintana… La muerte del soplón

Yo traigo entre ceja y ceja/ El aguaje y Aguililla/ allí los gallos son finos/ y las mujeres bonitas… El tarasco

Brindemos por las mujeres/ las traigo siempre en mi mente/ y pa’ mujeres bonitas/ Sinaloa es reconocida… Líneas de a metro

Donde quiera me paseo/ con una y otra mujer… para alegrarme una banda/ para dormir una dama… Carrera prohibida

Y las mujeres, la neta/ ven dinero y se les van los ojos… Mis tres animales

Pero me sobran mujeres/ pa’ gozar de los placeres… La tumba

No sufre por las mujeres/ las que les gusta se lleva/ nomás retumba la banda/ es que ya trae otra nueva… El jefe X

También las mujeres pueden/ aunque nos duela aceptarlo/ lo digo aquí y dondequiera/ porque pude comprobarlo/ que como un hombre se mueren/ y eso no hay que dudarlo… También las mujeres pueden

Los vehículos

Las camionetas nuevas, bien equipadas, excedidas en su decoración y, sobre todo, “arregladas” para que alcancen altas velocidades, son la otra pasión del traficante; además de constituir una de sus herramientas de trabajo. En ellas se suele, o se solía (ahora se utilizan avionetas y otros medios menos convencionales) esconder la droga para pasarla de un estado a otro o cruzar la frontera norte de nuestro país. Una camioneta “Suburban”, una “Cheyene”, una “Bronco” o una “Super-sport” son el transporte ideal de los traficantes. En ellas “se sienten seguros”, señala la letra de un narcocorrido:

“Traían llantas de carrera/ con sus rines bien cromados,/ motor grande ya arreglado/ Pedro se sentía seguro…”

Y es que si el traficante, en la sierra y en el monte “anda a caballo”, una camioneta es requerida para andar en la ciudad. Sólo en ellas se puede “pasear” por donde quiera y puede escuchar su música, sus corridos a todo volumen. Y, cuando es necesario, puede ocultar la droga en ellas y transportarla de un sitio a otro.

Por la ciudad ando en troca/ por el monte a caballo…”

“Yo me paseo por Tijuana/ en mi Cheyene del año,/ dos hombres en la cajuela/ con un cuerno en cada mano…”

Una camioneta nueva y equipada, al igual que una mujer o un arma, siempre es vista por el traficante como algo que debe exhibir.

“También cargaban pistola/ debajo de la chaqueta/ mucho dinero en las bolsas/ y muy buenas camionetas…”

“Con un motor muy rugiente/ llegaron quemando llanta/ en una trocona negra…”

Las camionetas

La bronco ya la cambié/ porque la tenían plaqueada/ ahora ando en una suburban/ que también ya fue arreglada… El clavo

Una camioneta gris/ con placas de California/ la traían bien arreglada/ Pero Márquez y su novia… La camioneta gris

Siempre anda muy elegante/ paseando en su camioneta/ carga dos o tres amantes/ y su pistola derecha… El chacal

Con un motor muy rugiente/ llegaron quemando llanta/ en una trocona negra/ pero la traían sin placas… También las mujeres pueden

También cargaban pistola/ debajo de la chaqueta/ mucho dinero en la bolsa/ y muy buena camioneta… También las mujeres pueden

Por la ciudad ando en troca/ por el monte ando a caballo… El manos verdes

Se sentían bien amparados/ en la suburban dorada/ traía el motor alterado/ y estaba toda blindada… La suburban dorada

Yo me paseo por Tijuana/ en mi Cheyene del año/ dos hombres en la cajuela/ con un cuerno en cada mano… Clave privada

Traían llantas de carreras/ con sus rines bien cromados/ motor grande y arreglado/ Pedro se sentía seguro… La camioneta gris

La droga

La droga que se trafica tiene muchos nombres. Entre ellos están el de los animales: chiva=cocaína, gallo=heroína y perico=mariguana. Como vemos, todos ellos animales domésticos.

El traficante también, debido a esta costumbre de tomar a la droga como un animal, se considera o dice ser un “ganadero”:

“Muy pegadito a la sierra/ tengo un rancho ganadero/ ganado sin garrapatas/ que llevo pa’l extranjero/ que chulas se ven mis vacas/ con colitas de borrego.”

“Las vacas (de a kilo)” que refiere la letra de este corrido, son en realidad “las pacas”, es decir, los paquetes de mariguana. Nadie imagina una vaca que pese solamente un kilo. Aquí se está dando el cambio de una letra para cambiar el sonido de la palabra, pero sin alterar demasiado la idea del mensaje. En otra estrofa del corrido antes citado, se lee:

“Los pinos me dan la sombra/ mi rancho vacas de a kilo.”

Y nuevamente se reafirma el hacer pasar la droga como animales de campo. En cuanto a la expresión “los pinos me dan la sombra”, quienes saben o dicen entender el lenguaje de los corridos, señalan que en realidad a quien se está haciendo alusión no es a los árboles de la sierra, sino a la residencia presidencial (este comentario fuera del tema, es tan sólo para redondear la teoría de que hay corridos que son modificados ligeramente en sus letras y en sus frases para hacerlas de doble sentido).

Ahora bien, cuando la droga es transportada en algún medio, ésta pasa a ser designada con metáforas tales como “el clavo”, “el cargamento” y “la piñata”. Nombres dados debido a que, en una camioneta por ejemplo, la droga se esconde, “se carga” o “se clava” en algún sito de ella y no es removida o “desclavada” sólo hasta llegar a su destino. En cuanto a lo de “piñata”, esto es la idea de que el paquete de droga que se transporta lleva, en su interior, mucha diversión para los clientes.

“No le encontraron el clavo/ a mi bronco colorada, ellos estaban bien seguros/ que la traía bien cargada…”

“la gran piñata quebraron/ dentro no traía dulces/ pero tenía algo más caro/ pura bolsita surtida/ de los animales bravos.”

La otra forma de designar la droga es con nombres femeninos. Se le otorga a cada tipo de droga carácter de una mujer:

“Blanca Nieves en Colombia/ Mary Juana en Culiacán/ Amapola está en Durango/ en la sierra la hallarán/ y La Negra está en Guerrero/ y Cristal en Michoacán.”

Las drogas también son vista por el traficante como “sus novias”. Como mujeres a las que se le debe respeto y compromiso.

Pero de cualquier manera en que se le nombre, el traficante mexicano tiene a la droga como a lo más valioso de lo que en su entorno existe, vive de “sus tres animales que quiere como a su vida”.

La droga en contrabando

Y el regreso aprovecharlo/ con seis kilos de la fina/ que en la gris habían clavado… La camioneta gris

Cuando llevaban la carga/ para entregarla a la mafia… La muerte del soplón

En los paquetes llevaban/ veinte kilos de la fina/ muy adentro la ocultaban/ del tanque de gasolina… Contrabando y traición

No le encontraron el clavo/ a mi bronco colorada/ ellos estaban bien seguros/ que la traía bien cargada… El clavo

La carga venía curada/ por eso no la olfatearon (los perros)… El clavo

Cargado de polvo blanco/ he cruzado la frontera… Líneas de a metro

Vivo de tres animales/ que quiero como a mi vida/ con ellos gano dinero/ y ni les compro comida/ con animales muy finos/ mi perico, mi gallo y mi chiva… Mis tres animales

Tengo unas cuantas personas/ que venden mis animales/ más que hamburguesas en el McDonald… Mis tres animales

Muy pegadito a la sierra/ tengo un rancho ganadero/ ganado sin garrapatas/ que llevo pa´l extranjero/ que chulas se ven mis vacas/ con colitas de borregos… Vacas de a kilo

La gran piñata quebraron/ adentro no tenía dulces/ pero tenía algo más caro/ pura bolsita surtida/ de los animales bravos… La piñata

Blanca Nieves en Colombia/ Mary Juana en Culiacán/ Amapola está en Durango/ en la sierra la hallarán/ y La Negra está en Guerrero/ y Cristal en Michoacán… Las novias del traficante

Transportan chiva y coca/ y de pilón mariguana… Socias de la mafia

A manera de conclusión

Las metáforas del delito

Los narcocorridos, es necesario decirlo, son historias-canciones con una significativa riqueza del habla popular.

Letras que comprueban la existencia de una nueva jerga, surgida a partir del tráfico ilegal de drogas, y cuyo objetivo probable es el (auto)reconocimiento y la identificación del grupo de individuos(sub agrupados en “cárteles”) que cometen este delito.

Con los narcocorridos y sus “claves”, el narco llegó, de manera muy peculiar (desde la lírica), a la aceptación, tolerancia y popularidad entre la sociedad. Con ellos, la existencia de esta actividad se tornó lícita, desde el punto de vista de quienes gustan de cantan, bailan y, además, admiran a los personajes de esas historias (violentas) musicalizadas.

La existencia de la llamada “narcocultura” es un hecho. Y la manera de utilizar el lenguaje en los narcocorridos, es su manifestación más difundida y asimilada por las clases populares. Las “claves” son ya de dominio popular. Quién no sabe lo que es “vivir de tres animales”. Quién no entiende aquello de “entrarle al negocio”. Cómo no comprender las jerarquías declaradas en frases como “soy el jefe de jefes, señores; me respetan en todo nivel”. Quién no sabe, por lo menos, un par de eufemismos para nombrar la mariguana. Y quién -por último, no se ha dado cuenta que la historia de los cárteles y los capos está en los narcocorridos, sólo que “disfrazada”. El argot del narco es tan conocido que hasta los niños y los adolescentes ha asimilado algunas frases para incluirlas en sus juegos y pláticas cotidianas: cuerno de chivo, perrón, pericos, cola de borrego, etc.

El corrido ha vuelto a resurgir como una de las manifestaciones del folclore más accesibles a las masas; sólo que esta vez viene acompañado de la violencia, del delito y de la exaltación de los delincuentes. Los corridistas (narcocorridistas), han reflejado los hechos políticos y sociales de este otro México invadido por el narco. Y para ello, lo inmediato fue tomar conceptos comunes de los traficantes y ponerles música (acordes sencillos y pegajosos que rápidamente se convirtieron en un verdadero fenómeno cultural) Esas frases, aparentemente sin sentido (“qué chulas se ven mis vacas, con colitas de borrego”, “no le encontraron el clavo, a mi bronco colorada”, etc.) y que rayaban en una poética ramplona, lograron permear el habla común entre los mexicanos para “aportar” el sentido metafórico a lo delictivo.

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