Una de Ortografía

En medio de una discución, con un amigo, no decidiamos si la forma correcta de escribirlo era Talabera, o Talavera, Abraham (el amigo con quien estuve en esta acalorada discusión decía que se escribía con “V” y yo decía que con “B” ante un poco de investigación, llegamos a este texto:

La palabra Talavera es un término lleno de misterio, como misterioso es que los hombres se empeñen en obtener de la tierra objetos vidriados y pintados que, al chocar entre sí, suenan a campana ronca y que llaman nuestra atención por su belleza. Hacer bellos los objetos útiles revela una extraña tenacidad de algunos hombres, una obsesión que es uno más de los secretos que albergan estos objetos artesanales.

La loza que conocemos como Talavera de Puebla es sin duda uno de los temas mayores de las artes tradicionales de nuestro país. Por su parte, Herbert Read, el conocido historiador del arte, nos propone la idea de que la creatividad de un pueblo, su fineza y sensibilidad, se pueden apreciar a través de su alfarería. Según lo cual, la Talavera sería un índice confiable para juzgar la sensibilidad creativa de los artesanos mexicanos en diferentes épocas. Según Read, “la alfarería es al mismo tiempo la más simple y la más complicada de todas las artes. Es la más simple porque es la más elemental. Es la más complicada porque es la más abstracta. Históricamente, es de las primeras artes. (…) Un jarrón griego es armonía estática, pero el jarrón chino, una vez liberado de todas las influencias impuestas por otras culturas y otras técnicas, adquiere armonía dinámica. No sólo es una relación sino movimiento vivo. No cristal sino flor.” Las piezas de Talavera de Puebla son las flores centenarias de nuestra cultura.
La alfarería de Talavera es un arte ligado históricamente a ciertos espacios: la cocina, la iglesia y el convento, la fachada de la casa y su interior. Más el espacio del taller, donde los rituales centenarios de las manos del artesano buscando repetir y al mismo tiempo crear las formas, se llevan a cabo cotidianamente.
Este arte que es espacial como la escultura, tiene además un espacio interno: el de la imaginería representada sobre sus superficies. Estos espacios forman un mundo donde la realidad y la fantasía se comunican, donde las manos que hacen y compran y venden se combinan con las manos que pintan las formas de sus sueños sobre una jarra o que se enamoran posesivamente de una vasija. Ese es el mundo de la Talavera, otro mundo en nuestro mundo.

Pues, Abraham tenía razón, se escribe con “V” y no con “B” como yo decía (aunque en realidad no podemos saberlo con certeza ya que no encontramos referencia de la palabra en sí. Talabera, dice   Abraham, está mal.

 

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