La energía y sus malos manejos


La energía y sus malos manejos

Una de las armas de la pseudociencia es el uso de términos científicos para dar un halo de respetabilidad a sus afirmaciones. ¿Quién no ha oido hablar de energías que de repente, parecen explicar cualquier cosa por imposible que sea?

Es una palabra perfectamente definida en ciencia, con un significado claro y preciso. Sin embargo, la pseudociencia sólo usa el término, prescindiendo de su significado, o inventándose uno nuevo a conveniencia que se ajuste a lo que se quiere justificar. Y así, es habitual leer u oir esta palabra acompañada de ciertos adjetivos clave: energíasdesconocidaspositivasnegativasinteligentespurarojasverdestutti frutti

La energía como tal no es nada tangible, que se vea o se toque. No es más que una medida de la capacidad de un sistema para influir sobre otro. Es sólo un número que describe al sistema, y que sirve para traducir las propiedades de éste para poder compararlo con otro, y saber qué tipo de interacciones pueden darse.

Por así decirlo, y salvando las distancias, la energía es como el dinero, pero sin monedas. Si alguien tiene un coche, puede venderlo, y con el dinero, comprar una vaca. Si nos saltamos el paso de cobrar en moneda, y vamos directamente a la vieja costumbre del trueque, el coche se transforma en una vaca. Ambos valen el mismo dinero, dinero que no vemos ni tocamos en nigún momento, que sólo sirve para comparar el valor ambos artículos.

Igual ocurre con la energía: cuando una onda de luz eletromagnética pasa a través de una célula solar, la luz se transforma, se troca, por corriente eléctrica; dos sistemas distintos con una misma energía que en ningún momento se ve ni se toca.

La energía pues, no es más que una descripción que sirve para comparar sistemas, y que necesita un adjetivo: energía cinética (partículas en movimiento), energía potencial(energía acumulada que puede transformarse en cinética por estar en una posición determinada), energía electromagnética (una onda de luz), energía de ligadura (enlace entre dos partículas), y así unas cuantas más, entre ellas la más conocida, por la que la materia también se posee una energía (E=mc2).

Estas descripciones en base a un número nos permite comparar sistemas que en principio no tendrían nada que ver. Por ejemplo, un átomo de Uranio, posee unos protones y neutrones que por el hecho de estar enlazados entre ellos, acumulan una energía de ligadura. Cuando un neutrón choca con el átomo y lo rompe, se produce emisión de radiación (energía electromagnética), y los fragmentos salen despedidos a una velocidad (energía cinética) que antes no tenían. Estas energías provienen de la energía de ligadura. Se ha transformado un átomo pesado estático, por dos más ligeros en movimiento, y radiación.

En cambio, el uso que se da en pseudociencia a esta palabra es como si se tratara de algo real que se pudiera tocar con las manos. Se le atribuye una entidad, como si puderia recogerse en un cubo o darle patadas. Cuando se habla de emitir energía, un científico habla de emisión de luz o partículas que con esa energía, ya sea electromagnética o cinética. Sin embargo, para un astrólogo esa energía es algo real que se emite por los planetas, que absorben los humanos, pero que no son nada conocido. Para fotógrafosKyrlian, o curanderos New Age, la energía es algo que nos envuelve, que emite el cuerpo, o que fluye por él, y que determina nuestro estado de salud.

Pero cuando se habla de energía desconocida en realidad, no se está diciendo nada. Es, una vez más, una definición en negativo, de la que es imposible hacer hipótesis, predicciones y experimentos. Estrictamente sólo significaría que no sabemos qué estamos estudiando. El hecho de saber por qué tipo de energía se describe un sistema, hace que sepamos cómo interacciona con otros sistemas. Sabemos cómo un fotón interacciona con una célula solar, y cómo su energía se transforma en energía eléctrica. Pero de una energía desconocida, no se puede saber (¡por definición!) qué sistema se está describiendo, ni cómo se puede transformar, y por tanto es imposible de saber siquiera si existe.

Lo que si hay en cambio, son las energías negativas y positivas. Pero no tienen nada que ver con lo que se postula en pseudociencia. Para ellos, estas energías equivalen abuenas malas, que nos benefician, o nos perjudican. Y por supuesto, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Las situaciones interesantes en física se dan cuando hay un intercambio, una variación de la energía, sin importar su valor absoluto. El hecho de poner un signo + ó – delante, no altera para nada el concepto. Simplemente, es un número negativo o positivo. Así, los electrones dentro de un átomo se describen por una energía negativa, que representa una energía de ligadura, energía que hay que darles (con rayos X, un electrón con energía cinética suficiente, un campo eléctrico intenso…) para ser arrancados del núcleo. Cuando se le da suficiente energía al electrón, una primera parte (hasta que la energía del electrón varía hasta cero), se emplea en arrancarlo del núcleo. El resto se emplea en darle una energía cinética.

Nada que ver con la salud ni con poltergeists.

Aunque quizás haya que agradecer el mal uso de este término, porque así es bastante sencillo reconocer una pseudociencia en seguida. Y no es la única palabra. Algún día hablaremos de otras.

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