Juan Pablo II asciende a los altares seis años después de su muerte Por Ruben Mendoza

Era considerado un papa de excepción y, por lo que parece, sigue siéndolo más allá de su muerte: Cientos de miles de peregrinos llegan desde hace días a Roma para asistir este domingo a la beatificación de Juan Pablo II (1920-2005), que se produce apenas seis años después de su fallecimiento, todo un récord de tiempos modernos.

La Ciudad Eterna se prepara de nuevo para una avalancha de peregrinos, después de que en abril de 2005 millones de católicos acudieran al Vaticano para dar su último adiós al carismático papa.

Su sucesor Benedicto XVI, en su día uno de sus más estrechos colaboradores, celebrará personalmente la ceremonia en la que será elevado a los altares.

“Vemos con alegría acercarse el día en el que podamos venerar y confiarnos todavía más a la intercesión de este gran papa y testigo de Cristo”, afirmó recientemente Joseph Ratzinger, quien poco después de la muerte del pontífice dispensó del plazo de espera requerido de cinco años para iniciar un proceso de beatificación, acelerando así considerablemente la causa.

Con ello, Benedicto XVI obedeció a los gritos de “Santo subito!” (“¡Santo ya!”) escuchados desde la multitud durante el concurrido funeral de su predecesor.

En su día, también Wojtyla concedió una dispensa similar que permitió beatificar en 2003, también seis años después de su muerte, a la Madre Teresa de Calcuta.

No obstante, los procesos de beatificación suelen durar décadas y hasta siglos. Aparte de por su rapidez, la beatificación de Juan Pablo II es también excepcional por ser la primera vez en más de mil años que un Papa eleva a los altares a su predecesor inmediato, quien fue además el primer pontífice no italiano en 450 años y quien se ganó el apodo de “Papa viajero” con su más de un centenar de giras internacionales.

El postulador de la causa de Juan Pablo II, el sacerdote polaco Slawomir Oder, afirmó que en el proceso de beatificación se trabajó de manera profunda e intensa. El supuesto milagro que abrió las puertas a la beatificación es la curación -según el Vaticano “científicamente inexplicable”- de una monja que sufría de Parkinson y sanó de manera repentina tras rezarle a Wojtyla. La beatificación coincide con el Día Internacional del Trabajo, en el que también en Roma se organizan conciertos y concentraciones sindicales.

Aunque no es probablemente el mejor día para celebrar un evento multitudinario, Benedicto XVI eligió esa fecha por ser el segundo domingo de Pascua el último día en que Juan Pablo II celebró misa antes de morir y que fue dedicado por el fallecido Papa a la “Divina Misericordia”.

Miles de voluntarios se han ofrecido para ayudar a los peregrinos en lugares centrales de la ciudad. También se han desplegado miles de policías de tránsito, e incluso “carabinieri” y bomberos jubilados han regresado al trabajo para facilitar el que está llamado a ser evento del año en Roma.

Además de la Plaza de San Pedro, la beatificación será emitida en directo en pantallas gigantes colocadas en seis plazas de la capital italiana. El acceso a la ceremonia en el Vaticano es gratis y no se precisa ninguna entrada. La Prefectura de la Casa Pontificia alertó sobre impostores que trataban de vender tickets en Internet. Cuando se anunció en enero el día de la beatificación, en Roma se agotaron de golpe las habitaciones, en parte a precios astronómicos. Los peregrinos llegan ahora desde Polonia, Francia, Alemania, España y América Latina y en ocasiones pueden hasta albergarse en habitaciones de 15 metros cuadrados con ocho literas.

Ante los elevados precios, desde Polonia se prevé sólo la llegada de unas 32.000 personas, bastantes menos que las previstas inicialmente. Las festividades comienzan ya el sábado por la noche, con una vigilia de varias horas por Juan Pablo II en el Circo Massimo en la que Benedicto hablará en directo por video a los presentes.

Mientras tanto, los restos de Juan Pablo serán trasladados desde la gruta del Vaticano a la Basílica de San Pedro, sin que su ataúd sea abierto.

Después de la beatificación se expondrá el sarcófago para que los fieles puedan rezar ante él, antes de ser recolocado en la capilla de San Sebastián, entrando en la nave principal de la basílica, a mano derecha, cerca de La Piedad de Miguel Ángel. Sobre el marmol blanco se podrá leer lo que muchos esperan ansiosamente: “Beato Juan Pablo II”. Su fecha en el calendario litúrgico se conmemorará cada 22 de octubre, el día en el que celebró oficialmente su entronización en 1978.

Sin embargo, la festividad sólo podrá celebrarse por el momento en la diócesis de Roma y en Polonia, pues según el Derecho Canónico los beatos, a diferencia de los santos, sólo pueden ser venerados en sus respectivas iglesias locales. Para su canonización, el Vaticano debe todavía reconocer un milagro atribuido a la intercesión de Juan Pablo II. Según el postulador de la causa, ya hay catalogados más de 250.

Las beatificaciones y canonizaciones más rápidas de la historia La beatificación del papa Juan Pablo II (1920-2005) se produce apenas seis años después de su muerte. A continuación, otras de las beatificaciones y canonizaciones más rápidas en la historia de la Iglesia católica: – Antonio de Padua (1195-1231), teólogo portugués, canonizado por Gregorio IX en 1232, 11 meses después de su muerte.

– Thomas Becket (1118-1170), arzobispo de Canterbury y Lord Canciller de Inglaterra, canonizado por Alejandro III en 1174, tres años y medio después de su asesinato. – Teresa de Calcuta (1910-1997), monja albanesa naturalizada india y fundadora de las Misioneras de la Caridad, beatificada por Juan Pablo II en 2003, seis años después de su muerte. –

Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975), sacerdote español y fundador del Opus Dei, beatificado por Juan Pablo II en 1992, 17 años después de su muerte, canonizado por Juan Pablo II en 2002. – Teresa de Lisieux (1873-1897), carmelita descalza francesa y Doctora de la Iglesia, beatificada por Pío XI en 1923, 26 años después de su muerte, canonizada por Pío XI en 1925. – Luis IX (1214-1270), rey de Francia, canonizado por Bonifacio VIII en 1297, 27 años después de su muerte. – Alfonso María de Ligorio (1696-1787), obispo italiano y fundador de los Redentoristas, beatificado por Pío VII en 1815, 28 años después de su muerte, canonizado por Gregorio XVI en 1831.

– Pío de Pietrelcina (1887-1968), capuchino italiano, beatificado por Juan Pablo II en 1999, 31 años después de su muerte, canonizado por Juan Pablo II en 2002. – Gianna Beretta (1922-1962), pediatra italiana, beatificada por Juan Pablo II en 1994, 32 años después de su muerte, canonizada en por Juan Pablo II 2004. – Edith Stein (1891-1942), carmelita alemana de origen judío, beatificada por Juan Pablo II en 1987, 45 años después de su asesinato en Auschwitz, canonizada por Juan Pablo II en 1998.

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