El proceso de transformación del sector agropecuario argentino por Ulises Ramirez

INTRODUCCION

El presente trabajo pretende  las distintas dimensiones en el proceso de transformación del sector agropecuario argentino durante el periodo 1850-1890. Se toma este periodo porque es durante esos años que se suceden cambios relevantes, transformaciones profundas en la configuración, ocupación y valorización del  de la pampa; sucesos que significarían un antes y un después en la historia de la región pampeana.

Durante esos años comienza a darse un proceso de aceleración económica en los países centrales europeos. De esta manera, la economía industrial pudo extender globalmente la economía capitalista, a medida que aumentaban los intercambios comerciales.

Por otra parte, a nivel local, se producen importantes cambios. La conformación definitiva del Estado surge sobre la base de luchas y enfrentamientos políticos. El mismo va a ir adaptándose, progresivamente, al contexto mundial. Sin embargo, este proceso se hacía difícil debido a varios factores: la enorme extensión del territorio, su escasa población, el poder económico acumulado en un sector muy reducido, etc. Las tierras pampeanas comenzarían a adquirir  valorización, y se comenzaba a planificar la “conquista” del territorio eliminando a los indígenas.

Mediante este , se intenta establecer una relación entre la transformación del sector agropecuario pampeano, y los cambios globales y locales. Se busca explicar cómo la región se vio influenciada tanto por la  capitalista, como por los profundos cambios políticos que ocurrieron a nivel nacional, y que llevaron al establecimiento y afianzamiento del Estado y de la clase económica y políticamente dominante.

El trabajo, entonces, quedará estructurado de la siguiente manera:

1. Las claves de los años anteriores al período estudiado.

2. El desarrollo capitalista y su influencia en el sector agropecuario argentino.

2.1. Los cambios y exigencias del mercado mundial.

2.2. Los ferrocarriles y la expansión capitalista en la pampa argentina.

2.3. Las migraciones y su impacto.

2.4. El comercio exterior.

3. El papel del Estado en el proceso de transformación

3.1. Las políticas inmigratorias.

3.2. Colonización y expansión del territorio.

3.3. Las crisis de 1866 y 1873 y sus consecuencias para este proceso.

4. A modo de conclusión

1. LAS CLAVES DE LOS AÑOS ANTERIORES AL PERIODO ESTUDIADO

En el periodo que transcurre entre la Revolución de Mayo de 1810 y la década de 1850, se pueden rastrear, al menos, tres claves que definen la situación del momento y configuran el marco para comprender el periodo en estudio. Las tres claves, a saber, son:

  1. La expansión de la frontera: apropiación de la tierra y de la renta.
  2. Empréstitos, Bancos y Emisión. La deuda pública y las crisis.
  3. Comercio Exterior

Estos puntos serán analizados por separado, realizando un corte horizontal entre los años 1810 y, aproximadamente el año 1850.

A. La expansión de la frontera: apropiación de la tierra y de la renta

La Revolución de Mayo de 1810 pierde el Alto Perú y con esto las minas de oro y plata del Potosí. Por lo tanto, se pierde el sustento de la economía y lasfinanzas de la colonia. Quedaba claro, desde el principio, que este no iba a ser el sustento de la economía y las  de Buenos Aires.

Por esos tiempos, había, en Buenos , ganado vacuno. Luego de los cambios introducidos por la Revolución, se podía, sin las trabas del monopolioespañol, exportar a otros países los cueros de esos animales. En la medida que avanza el comercio, se reproduce el ganado y se comienza a conseguirmercados, los terratenientes comienzan a hacerse ricos y poderosos.

A partir de la Revolución, entonces, el problema de la tierra adquiere una gran importancia, lo cual se verifica en las numerosas leyes que reglamentan su dominio, apropiación y uso a partir de ese momento. La primera expedición contra el indio se realiza en 1810 con el reconocimiento de las tierras cercanas al río Salado. Sucesivamente, a partir de ese momento, varias expediciones van extendiendo la frontera hacia el , llegando a duplicar, en solo 25 años, el territorio controlado.

Muy pronto la Junta, con el decreto del 1 de septiembre de 1811, extingue la mita, el yanaconazgo, la encomienda y el servicio personal. Tales medidas formaban parte del programa de la burguesía, y fueron apoyadas por los ganaderos. De esta manera, los terratenientes comienzan a expandirse velozmente; rota la traba colonial, sus negocios prosperan en la medida en que acumulan tierras, ganado y hombres. En este contexto, comienzan a dictarse las leyes citadas anteriormente. La primera de ellas, la Ley de 1821, garantiza la deuda pública con tierras fiscales.

“Después de diez años de conflictos, el agotamiento del tesoro público argentino solo admitía una salida: el empréstito externo. La nueva Nación, como la provincia de Buenos Aires, no podían ofrecer sino un bien como  hipotecaria: las tierras fiscales”.

Posteriormente, bajo la presidencia de Bernardino Rivadavia, se dicta la denominada Ley de Enfiteusis, vinculada al empréstito Baring Brothers que veremos más adelante. “Enfiteusis” es la “cesión perpetua, o por largo tiempo del dominio útil de una finca mediante el  anual de un canon al que hace la cesión, el cual conserva el dominio directo”. El ingeniero agrónomo Emilio A. Coni publicó en 1927, en la imprenta de la Universidad de Buenos Aires, La verdad sobre la enfiteusis de Rivadavia. Allí asegura que “no se había hecho hasta hoy un estudio serio, cronológico y documentado de la enfiteusis y su aplicación. Dos hombres solamente la habían estudiado, y superficialmente, Andrés Lamas, panegirista de Rivadavia, y Nicolás Avellaneda. Los demás autores no hicieron sino repetirlos. Confieso —continúa Coni— que antes de iniciar el estudio tenía ya mis dudas sobre la excelencia del sistema enfitéutico. Algunos datos aislados que había conseguido me lo hacían sospechar. Pero lo que más pesaba en mi espíritu para mantener esa duda era la opinión francamente contraria a la enfiteusis de todos los hombres de valer que actuaron después de Caseros y que habían sido testigos del sistema. (…) Descubrí en la enfiteusis de 1826 tres gravísimos defectos, fundamentales para una ley de tierras públicas. Faltábale el máximo de extensión, lo que permitía otorgar 40 leguas cuadradas a un solo solicitante. No obligaba a poblar, de lo cual resultaba que la tierra se mantenía inculta y baldía esperando la valorización. Y la libre transmisión de la enfiteusis sólo servía, sea para acaparamientos, algunos superiores a 100 leguas cuadradas, o para el subarrendamiento expoliatorio de los infelices de la campaña por los poderosos de la ciudad”.

En 1825 se desató la “fiebre de la tierra”: en Tandil, Pergamino, Lobería, Dolores se denunciaron lotes que iban desde las cuatro a las cuarenta leguas cuadradas. Quienes los reclamaron no parecían pobres campesinos: figuran los nombres de Sebastián Lezica, Ambrosio Cramer, Patricio Lynch, Pedro Trápani, Facundo Quiroga (quien denunció 12 leguas al oeste de Bragado por medio de su apoderado, Braulio Costa), Tomás Manuel de Anchorena, con unas veinte leguas en Fuerte Independencia, hoy Tandil. Otros localizaron baldíos en zonas ya pobladas y presentaron solicitudes de enfiteusis en Lujan, Cañuelas, Chascomús, Chacarita y San Isidro. Dice Gaignard: “Rivadavia creaba las condiciones ideales para la “acumulación primitiva” en beneficio de una capa muy reducida de negociantes del puerto y de estancieros del campo. De ello surge la consolidación de una clase dominante de grandes ganaderos, dueños de la tierra, de los animales y de los hombres”.

Con el gobierno de Rosas, comienza la etapa de la cesión en propiedad de las tierras cedidas en enfiteusis. El máximo desarrollo se alcanza luego de 1834. La ley provincial de 1836 ponía en venta 1.500 leguas de tierras de la enfiteusis a precios diferentes según la ubicación de las mismas. En 1838, otra ley pone en venta lo que quedaba de las concesiones de Rivadavia, con las mismas condiciones de 1836. También se realizan entregas de tierras a los oficiales de las campañas contra el indio y las guerras civiles (mayormente militares y funcionarios leales a Rosas). La más espectacular de todas las donaciones es la que se realiza en 1839, en la que se ceden 700 leguas cuadradas. Lo que ocurre es que a esos militares se les debían salarios y pagas desde hacia tiempo, lo que llevó a que los mismos revendieran las acciones a especuladores avisados que lograron, mediante este método, adquirir numerosas tierras.

En el período de 1830-1852, la tierra ocupada ascendió hasta 6.100 leguas cuadradas (16.470.000 hectáreas) con 782 propietarios. De éstos, 382 concentraban el 82% de las propiedades de más de una legua cuadrada, mientras que 200 propietarios, o sea el 28%, concentraban el 60% de las estancias con más de 10 leguas cuadradas. Existían 74 propiedades con más de 15 leguas cuadradas (40.404 hectáreas) y 42 propiedades con más de 20 leguas cuadradas (53.872 hectáreas). Mientras tanto, las pequeñas propiedades sólo representaban el 1% de la tierra explotada.

Luego de la caída de Rosas, se desató una larga polémica acerca del destino de las extensiones otorgadas por las distintas leyes de premios, y finalmente, por ley de 1858 se dispuso anular las donaciones efectuadas entre el 8 de diciembre de 1829 y el 3 de febrero de 1852, salvo aquellas que resultaran de premios por las expediciones contra los indígenas. En este último caso se reconocía también los derechos de quienes aún no habían efectuado la correspondiente escrituración y se les daba un plazo para hacerlo. Por esta ley el Estado recuperó unas 200 mil hectáreas de tierras pero confirmó el derecho de particulares sobre una superficie que duplicaba esa cifra. Concentración de la tierra y expansión del latifundio fueron el corolario de todas estas medidas.

B. Empréstitos, bancos y emisión. La deuda pública y las crisis.

Los comienzos.

Cuando, en 1776 se dan las reformas borbónicas, se produce un vuelco total de la situación en la América Hispana. En el caso de la creación del Virreinato del Río de la Plata, estas reformas otorgaban al puerto de Buenos Aires el derecho a comerciar con España. Hasta ese momento, la plata del Potosí, el oro de Puno, salían por Lima, cruzaban el Caribe y de allí salían hacia España. Los borbones cambiaron eso, además de abrir otros puertos en España. De esta manera, Buenos Aires se convertía en el único puerto de salida del Virreinato. En todo el periodo anterior a 1810, la plata del Potosí salía camino a Buenos Aires, y de allí a España. El mercado potosino, donde todo funcionaba en torno a las minas, era el mercado más grande del cono sur, y ese metálico era el sustento de toda la economía colonial.

Al producirse la Revolución del 25 de mayo de 1810, las guerras de independencia hacen que Buenos Aires pierda el Alto Perú – perdido completamente en 1815 – y con esto las minas del Potosí. De esta manera, se pierde el sustento de la economía y las finanzas de la colonia. A partir de ese momento, ese metálico tampoco iba a servir de sustento a la economía y las finanzas de Buenos Aires.

El problema que se presentaba ahora era el de solventar el erario público. Uno de los temas más acuciantes del momento era cómo pagar la enorme deuda comercial, producto del gran crecimiento de Buenos Aires y su consumo de estilo europeo. Las importaciones eran enormes y no solo por causa de la guerra de independencia. Analizando la composición de esas importaciones, puede ver que el 60% son artículos de consumo y entre un 16 y un 20% es equipamiento de guerra. El problema es que no había como pagarlo. En este punto, las casas comerciales inglesas, que empiezan a instalarse en 1811, juegan un rol fundamental; muchas de ellas contaban con socios porteños que eran los que realizaban las importaciones, los que proveían al Estado, y los que iban al interior a vender los artículos importados. Eran estos grandes comerciantes los que financiaban las compras del país. Por lo tanto, en este punto puede señalarse el comienzo de una deuda comercial que irá creciendo; el problema seguía siendo, aún, el metálico para financiar ese comercio.

El Estado va a encontrar en los empréstitos forzosos, una solución momentánea a ese problema. Estos empréstitos obligaban a aquel que tenia capital a suscribir esos títulos públicos, a cambio de los cuales el Estado les daba vales de tesorería con valor metálico, dependiendo de lo que se le retiraba al productor: si lo que el Estado tomaba eran especies, por ejemplo vacunos, éstos no tenían valor metálico; pero si se trataba de comerciantes o de laiglesia, el Estado aseguraba una tasa de interés de hasta un 8%. La política de los empréstitos forzosos se va a repetir, sistemáticamente, entre 1810 y 1840. Además, se recurrió también al capital externo.

Estas empréstitos produjeron serias disidencias entre los sectores de poder: si ellos tenían que pagar aranceles aduaneros y tasas de puerto con metálico, y éste metálico debían entregárselo al Estado, comenzaron a presionar para que el estado les permitiera pagar esos aranceles y tasas con dichos bonos. El perjuicio para el Estado era evidente: esos aranceles eran el único recurso del erario público, con lo cual, al poco tiempo, nos encontramos con un festival de bonos, que se usaban como moneda cotidiana.

Hasta 1812, 16 patacones o pesos fuertes equivalían a una onza de oro o doblón; después de 1812, la relación era de 17 patacones o pesos fuertes por cada onza de oro o doblón. Antes de la Revolución, 4 millones de patacones o pesos fuertes salían por el puerto de Buenos Aires; a partir de la misma, esa cantidad baja a 500.000 pesos fuertes.

Los empréstitos

En 1825, La Junta de Representantes de Buenos Aires, creada por el gobierno de Rivadavia, al ver que las cuentas no le cierran, decide tomar un empréstito de entre 2 y 4 millones de pesos fuertes. Se decide tomarlo en el exterior y colocarlo con un mínimo del 70 %. Se crea, para esto, una comisión que va a negociar el empréstito a Londres. En la comisión se encontraban algunos de los que figuraban como directores del Banco de Descuento, entre ellos Riglos, Castro, Sáenz Valiente y John Robertson.

Durante las negociaciones, la Casa Baring propone aceptar los bonos al 85 %, debido a su fácil colocación en el mercado. En este punto, la comisión negociadora decide aceptar el 85 %, pero, visto que la Junta de Representantes había declarado que un 70 % era conveniente, negociaron la diferencia, que fue repartida entre la Casa Baring y la comisión negociadora. Además, el gobierno argentino había adelantado ya 250.000 pesos fuertes por la comisión en concepto de gastos. A esto hay que sumarle 250.000 pesos fuertes más por millón. Finalmente, el empréstito es colocado por 5 millones de pesos fuertes (1 millón de libras esterlinas), con lo cual, lo que debía llegar a la Argentina eran alrededor de 3.500.000 (70%).

Ahora bien, como no se había especificado como llegaba ese oro a la Argentina, la comisión informa a la Casa Baring que la mejor manera era enviando letras giradas contra casas comerciales de prestigio que dieran garantías en Buenos Aires. No por casualidad, una de esas casas comerciales era la de Robertson y Costas, dos miembros de la comisión. Como si no alcanzara con esto, las letras que debían servir para pagar a un tercero que era el Estado, nunca llegaron, porque se descontaron, se redescontaron, y cuando se cancelaron, se hizo con otras letras. Algo del empréstito finalmente llegó a la Argentina: unos 200.000 pesos fuertes, que fueron utilizados para cubrir los gastos de la guerra con el Brasil; y después, presumiblemente, debieron haberse recibido 1.000.000 en letras que también parecen haber sido utilizados en gastos de guerra.

Y no para acá la cosa, porque en 1826, el ministro García convence a la Junta de Representantes de dos cosas fundamentales: como se debían pagar los intereses, había que entretener los fondos del empréstito y crear una comisión para ese fin: dar créditos para sacar algún interés y poder pagar esos intereses. Nuevamente, en esta comisión estaba la misma gente que negoció el empréstito. Además, García convence al propio gobernador Las Heras, de no malgastar el dinero del empréstito en hacer el puerto, en proveer de agua corriente a Buenos Aires, argumentando que existían capitales privados que lo podían realizar.

La política de empréstitos continuó: en 1857 encontramos el empréstito de la Confederación; y, en 1858 el empréstito de intereses no pagados y diferidos del empréstito Baring. Esta política continúa hasta 1880.

Los bancos

El Banco de Descuentos, antecedente del Banco de la Provincia de Buenos Aires, fue creado en 1822. La denominación de Descuento proviene de que sufunción era descontar letras dando créditos, además de emitir moneda. El directorio, formado por argentinos e ingleses, reflejaba el poder del momento: Félix Castro, Miguel Riglos, Juan Fernández Marina, Albarellos, Juan y Manuel Aguirre, Juan Pablo Sánchez, etc. Entre los ingleses aparece John Robertson.

En cuanto al capital estatutario del Banco, Prebisch dice: “…aquel seria de un millón de pesos fuertes, dividido en acciones de cien pesos cada una que se entregarían a la suscripción pública; pero en la práctica, las acciones se llenaron parte en metálico y parte en billetes tomados del mismo banco, lo que le privó desde el principio, de la base metálica que debía tener. Es así que el capital metálico de este banco de emisión, no pasó nunca de la tercera parte del que nominalmente se había fijado…Al principiar las operaciones, las reservas apenas alcanzaban a 291 mil pesos fuertes, y aun este pequeño capital real, no era propio del país, ya que casi todas las acciones del banco se localizaron en Londres”.

El mecanismo de capitalización era el siguiente: se pedían créditos al banco, se pagaba 9 % de interés y se recibían dividendos por el 12 %. Y en definitiva en el banco no había nada o había muy poco, porque el capital se había constituido con los propios dineros del banco. El banco cae en 1826, traspasando sus pasivos y la emisión al Banco Nacional, que comienza sus operaciones en peores condiciones que su antecesor. En realidad, el Banco de Descuentos funcionó mientras nadie reclamó el cambio de sus papeles por su equivalente en oro. El día en que el Banco debió hacer frente a estasobligaciones, comenzaron sus problemas.

A pesar de todos sus inconvenientes, estas instituciones bancarias resultaron beneficiosas a los sectores que antes se veían afectados por los empréstitos forzosos, aunque el Estado va a continuar colocando numerosos títulos en el mercado. Ahora eran los bancos los que le darían crédito al Estado. Además, los sectores mencionados van a conseguir créditos de corto plazo, mayoritariamente en letras descontadas. A estos créditos tiene acceso, fundamentalmente, el sector comercial, aunque la mayoría de los terratenientes también eran comerciantes. Con respecto a la precariedad del Banco de Descuentos, Rapoport aclara que “en 1826, luego de una crisis, este banco se convierte en el Banco Nacional, que comienza sus operaciones en peores condiciones que su antecesor. En 1836, pasa a denominarse Casa de Moneda, hasta que, finalmente, en 1854, se crea el Banco de la Provincia de Buenos Aires. La precariedad de estos bancos se debió, fundamentalmente, a la emisión descontrolada de moneda sin respaldo, que expandió el gasto publico y sirvió a los intereses de los sectores que se beneficiaban con la inflación”.

A partir de 1854, el Banco de la Pcia. de Buenos Aires multiplicó los prestamos, lo cual contribuyó a la financiación de las actividades comerciales y productivas. Además del Banco de la Pcia. de Buenos Aires, también fueron creados el Banco Hipotecario de la Pcia. de Buenos Aires (1872), que otorgaba créditos con garantía de tierras, y el Banco Nacional, conformado con capitales estatales y privados. Finalmente, en 1885, fue creado el Banco Hipotecario Nacional, con los mismos fines que su homónimo de la Pcia. de Buenos Aires.

Con respecto a la banca privada, las primeras instituciones datan de la década de 1860, como el Banco de Londres y Río de la Plata (1864), y el Banco deItalia y el Río de la Plata. Además, muchas casas mercantiles fueron transformadas en bancos para contribuir a la financiación de las actividades comerciales. El más importante de ellos fue el Banco Cabarasa, que caerá con la crisis de 1890.

La emisión y el circulante

En cuanto al circulante, en los primeros años prevalecía, en el interior, la moneda de plata. Existen bancos provinciales que funden y acuñan monedas propias, como el Banco de Santa Fe y el de Cuyo. Mientras que en Bs.As. no hay metálico, en el interior sí lo hay, lo cual hacía que fueran reacios a aceptar los billetes del Banco Nacional porque, para ellos, significaban papeles sin ningún respaldo. Las compras en el litoral se hacían en metálico, pero con muchos problemas: circulaban distintas monedas como las mexicanas de oro, las chilenas, las de EE.UU., de plata, de cobre, etc. La moneda de oro boliviana era la que más abundaba. Todos esos metales no tenían el mismo tipo de cambio en cada provincia. A esto se sumaban todas las aduanasinteriores que complicaban aun más las cosas y aumentaban fuertemente los costos de traslado.

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